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Tren al segundo puesto

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01.04.2026

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No había pasado ni una semana y media de las elecciones autonómicas. No digo yo que hubiera sido un asunto definitivo, pero, sin duda, hubiera ... llevado a reflexión a algunas personas. Porque esto no es como ese programa de televisión en el que una pareja se casa sin haberse conocido antes ni un minuto (hay gente para todo, ya lo dice el clásico). Aquí se supone que uno vota en conciencia, teniendo a su alcance un torrente de información, fruto de un cada vez más largo periodo preelectoral.

Una carrera en la que a veces pesa más no estropearla de algún modo, por acción u omisión, que convencer al que todavía no está convencido. Así que me imagino que alguien debió de pensar algo más o menos así y se dijo, no lo del tren a Barcelona para cuando pasen las elecciones. No vaya a ser.

Y aquí estamos. Otra vez como hace siete años o peor. Porque en aquellos tiempos aún no se había instalado entre nosotros el cinismo como forma de comunicación, y hoy es básicamente el lenguaje que se maneja.

Así que una conexión que comunica a Salamanca con Castilla y León, País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña queda reducida al viaje a Zaragoza y luego a buscarse un poco la vida trasbordos mediante si se quiere llegar hasta el antiguo final de la línea.

Total, entre todos la mataron y ella sola se murió. Incomodidad, incidencias continuadas y retrasos que, con ser menos mediáticos que los del tren de Madrid, han sido históricamente muchos más y mucho peores. Así que se retira el tren de esa circulación se reduce tráfico en zonas congestionadas y mejor para todos. Menos para Salamanca.

Hay quien decidió incluir en su argumentario hace tiempo que lo de los trenes no es lo peor de lo que nos pasa y que hay que mirar a otras administraciones y otros problemas que son tan graves como ese o más. Y no es mentira, lo que pasa es que el tren se ha convertido en un símbolo del abandono absoluto de un Gobierno central que hace muchos años que no es capaz de ofrecer a esta provincia un solo proyecto mínimamente ilusionante.

Es difícil hacerlo sin nuevos presupuestos, claro, pero ni aun así. En todos los grandes tableros en los que Salamanca se juega su futuro, el Estado central no está ni se le espera. Es paradójico que mientras se produce el silencio sistemático del Gobierno a las peticiones para que impulse al máximo nivel el quinto centenario de la Escuela de Salamanca, con ese mismo procedimiento de sibilino silencio se quiera borrar una de las pocas conexiones ferroviarias que nos quedan, confiando una vez más en el recio carácter de una tierra tan acostumbrada a asumir los castigos que ya ni protesta.

Porque todo siempre suena a castigo. Las frecuencias del Alvia, el Centro de la Memoria en el que nadie cree, el Museo Nacional de Arquitectura que voló. El 15 de mayo el partido que sostiene al ejecutivo central celebró haber quedado segundo sin ninguna opción de gobierno en la comunidad. No tiene pinta de ir a poder celebrar mucho más.

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