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Libertades deletéreas

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29.04.2026

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Yo fui un niño al que las manos olían a tabaco. Durante aquellos primeros años, mi abuelo Rafa me llevaba al colegio con mi mano ... fuertemente apretada por la suya. Ven aquí, conejo, tapón de barril, no te escapes. Era un lazo encallecido por las obras a las que seguía acudiendo, aún después de jubilado. Chapuzas para entretenerme y ganar alguna perrilla. Eran modos de aquella dura generación crecida entre cartillas de racionamiento y estraperlos. No hablaba mucho de aquello, pero a veces había silencios repentinos en medio de alguna conversación sobre los cambios de la vida que sonaban a hambre y a posguerra.

Y a lo mejor ese dinero extra que escamoteaba al escrutinio de Hacienda lo dedicaba al tabaco. Ducados, negro. Dos paquetes diarios. Empezó a fumar en la mili y atravesó décadas con el vicio hasta que un primero de enero subieron el precio por encima de las cien pesetas, que le pareció el límite de lo........

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