Los barómetros
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CompartirMe encantaría tropezarme cualquier día con uno de los entrevistadores que trabajan en la elaboración de los barómetros electorales, un honor que todavía no he ... tenido la suerte de disfrutar.
Obviamente sería para decirle justo todo lo que contrario de lo que pienso votar en las próximas elecciones. Le diría exactamente que los que pienso que son un auténtico desastre estoy seguro de que lo harían de lujo y que aquellos en los que pueda tener cierta confianza estoy deseando que se vayan a freír espárragos.
Si habíamos quedado que el voto era secreto, yo no sé a qué viene tanto encuestar al personal, sobre todo ante la inminencia de unas elecciones. Es por eso que las mentiras en este tipo de encuestas no solo no deberían computar como demérito en la conciencia de un buen ciudadano, sino que deberían ser celebradas e incluso premiadas por algún ministerio. Con todos mis respetos al oficio del encuestador, que sin duda debe tener un objetivo plausible, aunque uno no acabe de encontrárselo, qué importancia pueden tener un barómetro que además de innecesario, falla más que una carabina de feria.
He leído que los señores encuestadores, lejos de ser elegidos por sorteo como pueda ser el formar parte de un jurado o ser presidente de mesa electoral, son escogidos a conciencia entre gente inteligente, que además de tener conocimientos de informática digital, habilidades de comunicación, una formación específica y otras capacidades para entender y estructurar los cuestionarios deber tener ciertas dotes para detectar al mentiroso y poner inmediatamente en marcha el protocolo de actuación que reduzca el margen de error.
Pero lo cierto es que salvo que nos sienten antes de encuestarnos ante un polígrafo, no sé yo como van a poder averiguar que estamos decididos a mentirles al menos tanto como nos mienten los líderes políticos en el transcurso de sus campañas electorales.
Y es que en realidad, con muchísima diferencia, el espectáculo más atractivo y fascinante de la política consiste en observar las caras de los candidatos, la noche de elecciones tras el recuento de los votos reales en las urnas. No nos privemos de él. Resulta realmente revelador ver las caras de unos y otros. Especialmente de aquellos que pensaban que iban a arrasar tras las últimas encuestas pero que finalmente se quedan realmente lejos de lo soñado y tendrán que pactar sí o sí, con aquellos otros con los que nos prometieron que no irían ni al bar de la esquina.
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