Aquella larga noche
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CompartirCon hacer públicos documentos reservados del 23 F se han abierto algunos debates sobre las cosas que allí pasaron, y ese levantamiento ha mostrado —espero ... que definitivamente— la actitud valiente y decidida del Rey Juan Carlos I durante aquellas horas de peligrosa incertidumbre.
Yo era entonces concejal en el Ayuntamiento de Madrid y secretario general de la Federación Socialista Madrileña, la FSM, y cuando nos llegaron las primeras noticias estábamos en el ayuntamiento casi la totalidad de los concejales del PSOE y del PC.
Teníamos en el Congreso a dos concejales del PSOE que eran a la vez diputados: Enrique Tierno Galván, el alcalde y Alonso Puerta, teniente de alcalde, con lo cual quedó al frente del municipio José Barrionuevo. Yo, como secretario general de la Federación Socialista Madrileña, me dispuse a ejercer de tal. Así que le pedí a Barrionuevo que pusiera a mi disposición un chófer y una camioneta y así lo hizo.
Pensé que en lo primero que había que hacer era ir a la FSM y sacar de allí todas las fichas de nuestros militantes, y allí me dirigí. Me encontré con los y las militantes llenos de pánico y les dije que se marcharan a sus casas. Acompañado por otra persona de la Ejecutiva, recogí todas las fichas y cerramos la sede, que estaba cerca de la cárcel de mujeres. Aquel compañero tenía un hermano que trabajaba en una empresa dedicada a las inversiones en Bolsa y hacia allí nos dirigimos. En aquella oficina, en torno a una gran mesa redonda, había media docena de teléfonos, que usamos para ponernos en contacto con las distintas agrupaciones para decirles que abandonaran las sedes y se fueran a sus casas a esperar acontecimientos.
Serían las 12 de la noche cuando llevamos a su casa al compañero y me volví al ayuntamiento. Desde allí me puse en contacto, entre otros, con Ricard Pérez Casado, el alcalde de Valencia. Lo noté tranquilo mientras me contaba que desde su despacho veía moverse en la calle a los tanques que había ordenado salir Milans del Bosch.
-¿No teméis que invadan el ayuntamiento? le pregunté.
Y él, sin ninguna alarma verbal, me contestó:
-Esto no va a durar mucho.
Yo, que unos años antes había vivido in situ el golpe de los militares en Chile, estaba mucho más tocado que él.
Salí de mi despacho y me dirigí al de Barrionuevo y allí vimos poco después el discurso del Rey a través de la televisión.
-Esto se ha acabado —dije— así que me voy a la cama.
Y eso hice, y dormí como un tronco.
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