¿Qué hacías hace 6 años?
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Compartir¿Recuerdas que hacías hace exactamente seis años? Me atrevo a asegurar que sí. También fue sábado. Mi mujer y yo nos sentamos en el ... sofá para analizar cómo afrontar las siguientes semanas con un bebé de seis meses y una niña de dos años. ¿Dónde ir? ¿Podíamos quedarnos en casa y tratar de conciliar trabajo y familia en menos de 65 metros cuadrados? ¿O debíamos 'invadir' el hogar de alguno de los abuelos para afrontar juntos lo que se nos venía encima? También fue, como hoy, una jornada de reflexión, de mirar hacia dentro y observar lo que había fuera, evaluar riesgos y tomar decisiones. Aunque en nuestra memoria parezca muy lejano, fue el 14 de marzo de 2020 cuando el Boletín Oficial del Estado «amaneció» con un solo mandato: la declaración del estado de alarma por una crisis sanitaria que ninguno habíamos imaginado que viviríamos a lo largo de nuestra vida.
Aquella pandemia consiguió lo que parecía imposible. Quebró el confort y la protección que creíamos erróneamente que estaban asegurados por el estado de bienestar. Pese a que se levantaron fronteras inexistentes para reducir la movilidad y contener los contagios, la indefensión ante un mal invisible acabó con las distancias y acercó a todo el mundo a una misma realidad: aquí o en Pekín, todos éramos vulnerables.
La soberbia nos hizo pensar que de aquella crisis salíamos mejores. Pero poco aprendimos porque seguimos creyéndonos invencibles. Entonces, pensábamos que ciencia, conocimiento y medicina impedían revivir una pandemia como la de la mal llamada «gripe española» de 1918 y descubrimos que estábamos más que equivocados. Ahora, en este bucle eterno que parece la historia nos enfrentamos a una nueva crisis con regusto a tiempos pasados.
Desde que superamos el coronavirus hasta hoy estamos empeñados en agitar todos los avisperos de este planeta creyéndonos a salvo de los conflictos cuya mecha encienden a su antojo los 'descerebrados' que se alojan en la Casa Blanca y la Plaza Roja. Primero, fue la invasión de Ucrania. Después, la franja de Gaza. Y, ahora, el Golfo Pérsico. A veces solo parece faltar el 'polvorín' de los Balcanes y el asesinato de Francisco Fernando para regresar a 1914. No pretendo augurar una Tercera Guerra Mundial, pero tampoco debemos creernos a salvo de ella. Tal vez no se repita la historia, pero empieza a «rimar» con una inquietante precisión.
Trato de no olvidar las palabras de un hombre vietnamita al que hace una década le pedí que me contase, con sinceridad, qué tal se vivía en su país. «Bueno, no nos podemos quejar. Hace años que no tenemos guerra». Con su respuesta, me dejó claro lo superficial que era mi perspectiva y sepultó muchas de mis certezas. No le costó mucho hacerme consciente de lo afortunado que era por conocer solo los conflictos armados a través de las imágenes de la televisión. Me avergoncé de no valorar lo suficiente la tranquilidad que nos brinda vivir en el primer mundo y de no apreciar el esfuerzo de quienes construyeron aquello de lo que hoy disfruto.
Hoy es día de reflexión. Y lo primero en lo que debemos pensar es en lo que tenemos. No vivimos oprimidos como el pueblo iraní ni bajo una dictadura camuflada como la de Venezuela. Tampoco tendremos derecho a quejarnos de que cualquier «chiquilicuatre» nos gobierne si no ejercemos desde la sensatez nuestro derecho al sufragio. Pensar con las entrañas es precisamente lo que nos ha traído hasta este mundo tan polarizado en el que unos creen que el mundo es su tablero de juego y otros que pueden torturar y matar a sus conciudadanos. Reservemos hoy unos minutos aunque solo sea para poder quejarnos mañana.
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