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05.06.2026

El director de FARO, Rogelio Garrido, analiza los temas claves de la actualidad de esta semana / FDV

El periodismo siempre ha estado envuelto en cierto ambiente fatalista. Es un oficio en crisis permanente. Desde que estoy en esto, he escuchado miles de veces que el reloj que marcaba la cuenta atrás de un seguro final estaba en marcha. Ha habido, hay y habrá augures que viven, y muy bien, solo de expandir (o expeler) profecías apocalípticas, qué más da que luego no se cumplan. Otros se afanan por buscar nuestra conversión; no soportan las posiciones heréticas y se entregan a la causa de la reeducación. Lo cierto es que seguimos aquí y que aquí seguiremos, soportando una presión cada día mayor en un vano intento de que corrijamos rumbos, nos acostumbremos a la genuflexión o, el sueño húmedo de algunos, arriemos la bandera. Y no.

El periodismo resiste porque los ciudadanos quieren, necesitan, exigen saber. Sin conocimiento, no hay criterio; sin criterio, no hay toma de decisión adecuada; sin decisiones, no hay libertad; sin libertad, no hay democracia. Periodismo y libertad conforman una unidad. Por eso el periodismo es peligroso. Por eso algunos intentan callarlo. Asfixiarlo. El ejemplo perfecto de esta nueva/viejísima estrategia lo encarna Donald Trump. El presidente de EE UU, ya que no puede capturar, deportar y encerrar a los periodistas y editores críticos en la megacárcel de El Salvador, ha optado por buscar su aniquilación en los juzgados. Así promueve al menos seis demandas contra medios anglosajones (ABC, CBS, The Wall Street Journal, BBC, The New York Times…) por un importe total de 55.000 millones de dólares. Una cifra tan mareante, es evidente, no persigue justicia sino venganza, extinción. Esperemos que los jueces........

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