La guerra que la OTAN es incapaz de ganar
Para entender cómo ha evolucionado últimamente la guerra de Ucrania basta ver el relato que en su último número hace de lo que ocurre en ese país el semanario Der Spiegel.
La revista alemana renuncia por primera vez a la línea que ha seguido hasta ahora de publicar reportajes que culpan de la guerra solo a Putin y presentan a los ucranianos como las únicas víctimas del conflicto.
Y habla de lo que sucede realmente en el país de Volodímir Zelenski, de los dos millones que han evitado ser movilizados y de los otros 200.000 ucranianos que han abandonado sus unidades y huido del frente.
Y ello, pese a que tanto el ministro de Defensa y el propio presidente los amenazan con «todo el peso de la ley»: de cinco a doce años de cárcel por deserción.
Los agentes de la policía militar, cuenta la revista, busca a varones a los que enviar al frente entre los carteros, los barrenderos y detienen en plena calle a cualquiera al que considere capaz de empuñar un arma, le piden su documentación, le meten en una furgoneta y le llevan inmediatamente al cuartel más próximo, y de allí al frente.
La policía militar «es brutal», confiesa uno de los testigos entrevistados. Muchas veces saltan sus agentes uniformados de vehículos civiles y agarran a un transeúnte y le meten a la fuerza en el automóvil e incluso le pegan una paliza si se resiste.
Miles de ucranianos no se atreven a salir ni un momento de sus hogares por temor a ser detenidos, y algunos desertores a los que ha entrevistado el reportero del semanario explican que han visto cosas en la guerra que no podrán nunca olvidar.
«El país se ha transformado —escribe Der Spiegel—, al principio había valentía, despecho y orgullo, acciones heroicas. Hoy por el contrario reina la resignación. Cada día que pasa, el ejército ruso se adentra metro a metro más en el país».
Muchos medios no podían ignorar esta realidad, pero preferían hacerse eco de lo que decía la propaganda de la OTAN sobre la debilidad del ejército ruso, que apenas lograba avanzar en el frente, y la de su economía, víctima de las fuertes sanciones de Occidente.
Lo mismo ocurría con los dirigentes europeos, que se han negado sistemáticamente a hablar con el Kremlin para ver la forma de poner fin a esa carnicería y denunciado a quienes, como el ultranacionalista húngaro Viktor Orbán, proponían el diálogo con Moscú.
Pero ya no es solo Orbán o el eslovaco Robert Rico quienes así piensan, sino que se les ha sumado el primer ministro belga, Bart de Wever, que pide realismo a sus colegas y señala que negociar con Moscú es mejor que exponerse a un mal acuerdo si éste deja de lado a los europeos.
«Dado que no somos capaces de amenazar a Putin enviando armas a Ucrania ni podemos asfixiar económicamente a Rusia sin el apoyo de Washington, solo queda la posibilidad de llegar a un acuerdo», reconoce De Wever.
Porque, reconoce el político belga, no parece además que el presidente de EE UU, Donald Trump, esté de parte de Ucrania, sino que da la impresión de estar más bien próximo a Putin.
Y es que, a diferencia de los dirigentes europeos, Estados Unidos defiende sólo sus intereses y hará en Ucrania lo que más le favorezca. Deberían aquéllos tomar nota y preocuparse por una vez de nuestros intereses.
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