¿Qué han hecho los americanos por nosotros?
Se quejan los estadounidenses más razonables de la aversión que les profesan en el resto del mundo desde que Donald Trump está al mando. Ellos son, en realidad, los primeros en lamentar el caos que está desatando en el planeta su impredecible presidente.
Confundir a Trump con Estados Unidos sería un exceso y sin duda un error, aunque el actual emperador haya sido elegido en dos ocasiones por los americanos. Eso implica reincidencia y hasta alevosía, pero no por ello vamos a ponernos en plan perdonavidas con el moderno imperio romano del que somos una de sus provincias.
El actual jefe de la Casa Blanca gasta maneras de patán, desde luego; y lo que es peor, se inclina hacia el fascismo que, en realidad, es un desastre de patente europea. La misma Norteamérica es hija de Europa, como casi todo el mundo sabe (excepto quizá Trump, nieto de alemanes que no para de despreciar a sus ancestros).
Más allá de esa evidencia, los USA cumplirán este año 250 años de democracia ininterrumpida bajo el principio de la libertad, al que los fundadores de esa república añadían algo ingenuamente el de la «búsqueda de la felicidad». Durante este cuarto de milenio han porfiado en celebrar elecciones cada cuatro años sin falta, mientras otros países del mundo sufrían dictaduras y golpes de Estado con la misma cadencia.
Bien es verdad que, en aquel tiempo fundacional, el derecho a la libertad y al voto excluía en América a las mujeres y a la gente de raza distinta a la blanca; pero hay que entender que estamos hablando del año 1776. Por mera comparación con el resto del mundo, seguía siendo un país revolucionario para tal época. Azares de la Historia propiciaron que Estados Unidos se convirtiese en un imperio que, como el de Roma en su día, impone ahora al mundo su lengua y sus costumbres. Gobiernan los siete mares del planeta y no paran de exportarnos sus Halloween, sus Papa Noeles, sus Black Friday y los pantalones vaqueros de uniforme.
A cambio de esa invasión cultural -y a veces, militar-, los yanquis han traído también la cuarta revolución tecnológica de los ordenadores, las redes cibernéticas, el láser, los microchips y los coches sin conductor. Fueron los primeros en viajar a la Luna para descubrir que allí no había gallegos, contra lo que aún sugieren ciertos rumores muy extendidos. Y ahora están pensando en Marte. Nada de eso hubiera sido posible sin la imaginación y el talento de los americanos que tanto desprecia ahora el nacionalista Trump. Aun así, seguimos preguntándonos -como en La Vida de Brian- qué es lo que los americanos han hecho por nosotros, para bien y para mal.
Solo es de esperar que el actual emperador no pase de mera anécdota en la aún corta historia de los Estados Unidos. Siquiera sea por la cuenta que nos trae a los de provincias.
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