Es el momento de abrirnos al pensamiento consciente en tiempos de guerra
En estos tiempos se nos hace difícil sostener la calma. El miedo aparece de muchas formas: en las noticias que vemos, en la incertidumbre económica, en la tensión política que retumba en distintos países. Vivimos un efecto dominó emocional donde lo que ocurre a miles de kilómetros impacta también en nuestro sistema nervioso. La guerra ya no es un hecho lejano; es un eco que se filtra en nuestras conversaciones, en nuestro descanso y en nuestra salud mental. Sin embargo, hay un fenómeno silencioso que merece nuestra atención. Poco a poco, podemos empezar a adaptarnos al sufrimiento ajeno. Lo que al inicio nos conmueve profundamente, con el tiempo puede volverse paisaje. La empatía se contrae. El corazón se protege. Y sin darnos cuenta, nos volvemos más individuales, más distantes, más anestesiados. Hoy vemos imágenes de niños devastados, familias sin hogar, comunidades fracturadas. Por un instante nos detenemos, sentimos un nudo........
