menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Es el momento de abrirnos al pensamiento consciente en tiempos de guerra

25 0
04.03.2026

En estos tiempos se nos hace difícil sostener la calma. El miedo aparece de muchas formas: en las noticias que vemos, en la incertidumbre económica, en la tensión política que retumba en distintos países. Vivimos un efecto dominó emocional donde lo que ocurre a miles de kilómetros impacta también en nuestro sistema nervioso. La guerra ya no es un hecho lejano; es un eco que se filtra en nuestras conversaciones, en nuestro descanso y en nuestra salud mental. Sin embargo, hay un fenómeno silencioso que merece nuestra atención. Poco a poco, podemos empezar a adaptarnos al sufrimiento ajeno. Lo que al inicio nos conmueve profundamente, con el tiempo puede volverse paisaje. La empatía se contrae. El corazón se protege. Y sin darnos cuenta, nos volvemos más individuales, más distantes, más anestesiados. Hoy vemos imágenes de niños devastados, familias sin hogar, comunidades fracturadas. Por un instante nos detenemos, sentimos un nudo en el pecho… pero luego seguimos con nuestra rutina. Es humano. Es un mecanismo de defensa. Pero también es un llamado de alerta. Porque cuando normalizamos el dolor colectivo, algo dentro de nuestra humanidad se adormece. Las situaciones globales que estamos viviendo nos están empujando —querámoslo o no— hacia un cambio profundo. Y en ese cambio hay una verdad esencial: todo tiene que ver con todo. No estamos separados. No somos islas emocionales. Lo que ocurre en el mundo también nos habita. Cuando actuamos en sinergia, incluso desde un pequeño gesto —un granito de arena— generamos ondas expansivas. Desde el pensamiento. Desde la intención. Desde lo que damos. Desde cómo hablamos. Desde cada acción cotidiana. La ley de causa y efecto no es solo un concepto espiritual: es una realidad psicológica y social. Cada pensamiento que cultivamos moldea nuestra percepción. Cada emoción que sostenemos impacta en nuestras relaciones. Cada acto de conciencia suma o resta al campo colectivo. Pero hay algo aún más profundo. Nuestros sucesos adversos de la infancia muchas veces hacen eco en la adultez. Nuestros patrones de pensamiento, nuestras reacciones automáticas, la forma en que interpretamos el mundo… todo tiene raíces. Y en tiempos de tensión global, esos patrones se activan con más fuerza. Por eso este momento histórico también es una invitación íntima. Si queremos un mundo más consciente, debemos empezar por nuestro propio sistema interno. Observar cuánto nos quejamos. Cuánto juicio sostenemos. Cuánta dureza tenemos con nosotros mismos. Y también, reconocer cuánta generosidad somos capaces de cultivar. Abrirnos al pensamiento consciente en tiempos de guerra es abrir un espacio profundo de sanación interior. Es recordar que lo que pasa afuera también nos transforma por dentro. Y que cada uno de nosotros puede elegir responder desde la contracción… o desde la conciencia. Hoy te invito a algo concreto: detente. Respira. Observa tus pensamientos durante el día. Pregúntate qué estás sembrando en tu entorno emocional. Practica un acto consciente de compasión —aunque sea pequeño— cada día. Hoy elige ser parte de la sanación del mundo. Empieza por tu pensamiento, por tu intención y por la coherencia de tus actos. El momento es ahora. No dudes en contactarme para continuar este camino de crecimiento, autoconocimiento y conciencia, estoy aquí para ayudarte contáctate conmigo, : Zu Ghersi Instagram ➡https://www.instagram.com/zusetteghersi o VitalidadYoga.

Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.

(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});

📲 Noticias a tu WhatsApp

Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.


© Expreso