Chema: la gloria que no perseguías, te alcanzó
José María “Chema” Salcedo, vasco de nacimiento, se despidió de su último programa en PBO (24/1/26), recitando el poema del andaluz Antonio Machado: “Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción; yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón”, como legándonos las estelas en la mar que dejó a su paso optimista y marcial. La primera vez que escuché hablar de Chema fue por Javier, mi hermano mayor, quien estudiaba en la Universidad Católica, porque la Reforma Agraria del gobierno militar de Juan Velasco los hizo compartir veleidades políticas que derivaron en su presidencia de la Federación de Estudiantes. Luego, caminando los 70, lo vi polemizar con la ironía que marcó su vida, representando al Partido Socialista Revolucionario (PSR), cuando el Fundo Pando servía de ágora para el debate y no era una suerte de mercado persa para el fanatismo, como hemos sido testigos en esta campaña electoral. Hasta que lo conocí visitando la revista Sí, que dirigía Ricardo Uceda, otrora compañero de trinchera en las publicaciones del Diario de Marka. Cómo no rememorar ahora que, en domingos soleados como hoy, tuvimos largas sobremesas en las que improvisaba con un poema u ocurrencia. Una de estas, haciendo los honores del caso a una botella de whisky escocés J&B 15 años, coloreó la narración sobre las aventuras, amores y desdichas del destilero boloñés Giacomo Justerini, quien pone la J a la marca, que dejó los paradisíacos frutales de Emilia-Romaña para perseguir, sin éxito, a Margherite, su amor platónico, bella soprano que viajaba a probar fortuna en la Ópera de Londres, ante el delirio de quienes absortos lo escuchábamos. Tal fue la conmoción que el siguiente domingo, el escenario se tuvo que trasladar a la Clínica Tezza, al sufrir una terrible angina (8/5/88). Entre los privilegios que me depara la vida, resalta sin lugar a dudas el haber compartido micro en el programa el “Sancochado de Chacho” de PBO, donde por media hora comentábamos los temas económicos de la semana, que, en lo personal, lo sentía como abordar un cohete a la Luna como el Artemis II, porque a partir de alguna noticia o dato, recorría la historia, países, cuando no personajes, palo a Donald Trump y Nicolás Maduro, es decir, tutti quanti, donde lo acompañaba, con esfuerzo, muchas veces cojeando. Videos que hoy resultan un invalorable patrimonio personal. Hincha del Atlético de Bilbao de sus amores, fue político, escritor, reportero, conductor, productor, director, toda la escala, tengo dudas si ofició, además, de fotógrafo o camarógrafo, actor de cine y teatro, y, por cierto, un melómano inimitable, oficios que ejerció con un élan signado por la justicia social y la libertad, etiquetando, de cuando en vez, las cifras que desparramaba sin ton ni son en el programa: “Sólo uno de cada tres peruanos gana por encima del sueldo mínimo”, “el desempleo en el 2025 se enfocó en la población indígena (quechua, aimara, jíbaro, bora, ashaninka, awajún, etc.)”, repetía y repetía. Finalmente, como queda demostrado con tu partida, aquella gloria que no perseguías y que llevó al canto el catalán Joan Manuel Serrat, convirtiéndose en el himno de una generación, te alcanzó, Chema querido, nos queda a los que presumimos de tu amistad, recordarte con alegría y seguir tu ejemplo. Por mi parte, alzar la mano en un adiós irrevocable y decir al viento y al mar: Gracias por tanto.
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