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Un voto de esperanza

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17.03.2026

El Perú atraviesa una coyuntura compleja, en la que coinciden desafíos internos, presiones internacionales y un proceso electoral decisivo para el futuro del país. El primer golpe viene de la naturaleza. El cambio climático ha vuelto a recordarnos nuestra fragilidad frente a fenómenos extremos. Las intensas lluvias, inundaciones y huaycos que han afectado diversas regiones han causado enormes pérdidas materiales, destruido viviendas, carreteras y cultivos, y dejado a miles de familias en situación de vulnerabilidad. Este escenario es aún más delicado porque el año escolar ya ha comenzado. En muchas zonas del país todavía no sabemos con certeza si los colegios estarán en condiciones adecuadas para recibir a nuestros niños. La recuperación de estas infraestructuras no es solo un asunto administrativo; es una responsabilidad moral con el futuro del Perú. A esta situación se sumó recientemente un problema inesperado: la avería del ducto de gas de Camisea. Durante algunos días, el país vivió momentos de preocupación ante la posibilidad de un desabastecimiento energético. Sin embargo, también debemos reconocer que la respuesta fue rápida y eficiente. Gracias al trabajo de técnicos, empresas y autoridades, el suministro pudo restablecerse antes de lo previsto. Mientras enfrentábamos estos problemas internos, el escenario internacional también se volvió más incierto. El conflicto en el Medio Oriente ha provocado una fuerte tensión en los mercados energéticos. El riesgo en rutas marítimas estratégicas para el comercio mundial ha generado un aumento significativo en el precio del petróleo. Y, como país importador de combustibles, el Perú recibe inevitablemente el impacto de estas alzas. El encarecimiento del combustible repercute en el transporte, en los precios de los alimentos y en la economía cotidiana de millones de peruanos. Es un fenómeno que no controlamos y que, sin embargo, afecta directamente nuestra estabilidad. En medio de este panorama, el Perú se prepara para elegir a sus nuevas autoridades en pocas semanas. Esta decisión será fundamental para el destino del país. Los últimos años han sido especialmente duros para nuestra institucionalidad. La sucesión de gobiernos, los enfrentamientos entre poderes del Estado y la permanente incertidumbre política han erosionado la confianza ciudadana. Por eso, el principal deber del gobierno de transición debe ser garantizar elecciones limpias, transparentes e incuestionables. Su misión no es plantear grandes reformas, sino conducir al Perú con estabilidad durante estas semanas críticas, asegurar un proceso electoral inobjetable y realizar una transferencia de gobierno ordenada y respetada por todos. La democracia se sostiene sobre la confianza. El Perú necesita menos confrontación y más madurez política; menos cálculo partidario y más sentido patriótico. Lo que está en juego no es solo un gobierno transitorio, sino la estabilidad democrática del país. Es hora de un voto de esperanza.

Ex primer vicepresidente del Perú

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