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Marruecos, Argelia y el Sáhara, a la luz de la guerra en el Golfo Pérsico

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08.03.2026

Igual que un buen jugador se desmarca, hábilmente, en la cancha, posesionándose y ganando aplausos de las tribunas, pues será capaz de meter goles o dar pase para conseguirlos, así hizo, Marruecos, mirando la cancha de la guerra desatada en el Golfo Pérsico, al salir en defensa político-diplomática de Arabia Saudita, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Omán, que fueron blancos de las represalias de Irán, luego del inicio de los bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre el territorio iraní, al considerarlos sus aliados. Más allá de que es innegable que Marruecos, con el rey, Mohamed VI, a la cabeza, se ha ganado, una vez más, los beneplácitos de EE.UU. -la inocultable pétrea alianza entre ambos países, acaba de ser reconfirmada-, en la medida que Washington viene ganando adhesiones de otros Estados poderosos (Reino Unido, Francia, Alemania, etc.,), en su objetivo de derrocar al régimen teocrático de Teherán, queda clarísimo que EE.UU. ha asumido un rol protagónico, como nunca antes, en el problema del Sáhara Occidental, liderando las negociaciones de fondo, siempre en el marco de la Resolución 2797 (31.oct.2025) del Consejo de Seguridad de la ONU, que ha establecido y delimitado a la autonomía como la base realista, seria y creíble, para las referidas negociaciones entre las 4 partes del problema, esto es, además de Marruecos, el Frente Polisario, Argelia y Mauritania. Sin duda, el posicionamiento de Rabat se refleja por partida triple, mirando la cancha, inicialmente planteada. Así, la actitud solidaria para con los países del Golfo Pérsico -también con Jordania-, atacados por Teherán, ha visibilizado el empoderamiento internacional de Marruecos dentro de la Liga Árabe, la Unión Africana (sobre todo en el Magreb y el difícil Sahel), y la ONU (que nos incluye), o sea, las tribunas del globo donde se mueve su habilísima diplomacia, conforme a la ponderada política exterior que dirige su monarca alauita. Marruecos -incluye a sus poblaciones saharauis que viven en las Provincias del Sur del reino-, no podía parecer indiferente, y la actitud de Estado de Mohamed VI, recuerda al panarabismo de mediados del siglo XX, en el sentido estricto de cerrar filas con las naciones hermanas, o sea, de la misma sangre y cultura. En el otro lado de la cancha, yace Argelia, vecino de Marruecos, sin que pudiera dar ningún pase, y lo que es peor, sin recibirlos de nadie, dramáticamente olvidado o ignorado. El régimen argelino debería evaluar su actitud en las negociaciones que seguirán indetenibles sobre el Sáhara marroquí, eso sí, advertido de que no cuenta ningún soporte de poder como para imponer condiciones en la mesa. Rusia y China, sus aliados del pasado, están mirando la guerra de lejos o de costado -Corea del Norte vocifera por instrucciones de Beijing-, pues teniendo sus prioridades -Rusia, el resultado de la guerra con Ucrania, y China, su imparable crecimiento económico-, y sabiendo que el poder militar estadounidense los disuade, actúan tal como hicieron con Venezuela. Argelia debe estar mirándose en el espejo del diezmado régimen de los ayatolas, conminado a dejar de moverse en la cancha de las negociaciones del Sáhara, en solitario y a regañadientes.

(*) Excanciller del Perú e Internacionalista

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