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El retorno del FBI y DEA en Ecuador, un escudo contra la alta criminalidad transnacional

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21.03.2026

Cada vez es más claro que Ecuador ya no es el “corredor pasivo” de cocaína que heredó del correísmo. Desde que el presidente Daniel Noboa declaró el conflicto armado interno en enero de 2024, el país ha pasado a ser un frente activo de confrontación. Y este mes la ofensiva ha dado un salto importante e irreversible.

El 11 de marzo el FBI inauguró su primera oficina permanente en Quito, mediante un Memorando de Entendimiento firmado entre el Ministerio del Interior de Ecuador y el Departamento de Justicia de Estados Unidos. La sede opera desde la Embajada estadounidense, con agentes operando en una nueva unidad especializada de la Policía Nacional. Se dedicará a investigaciones conjuntas contra el crimen organizado transnacional, narcotráfico, lavado de activos, contrabando de armas y financiamiento del terrorismo.

Como anunció el ministro del Interior John Reimberg, los agentes estadounidenses ya trabajan “codo a codo” con las fuerzas ecuatorianas. Es la quinta oficina permanente del FBI en Sudamérica y llega justo después de la Cumbre del Escudo de las Américas en Miami (7-8 de marzo), donde Noboa se alineó con otros presidentes para crear una coalición hemisférica de inteligencia, tecnología y asfixia financiera contra los cárteles.

La DEA no se queda atrás. Sus operaciones conjuntas con Europol y el Comando Sur ya se han ido dando; como los decomisos récord de drogas, redadas en campamentos de Los Choneros y Los Lobos, y bombardeos selectivos en Sucumbios. Todo esto en el marco de la “Ofensiva Total” que Noboa lanzó este mes. Como señalamos en anterior columna (ver: “Alianza estratégica antinarcoterrorista”. M. Lagos. 10/3/2026. Expreso), “esta mezcla planificada de acciones cinéticas (intervención militar y policial) y no cinéticas (inteligencia, tecnología y asfixia financiera) configura una operación integral y verdaderamente estratégica, capaz de frenar la peligrosa convergencia entre violencia criminal y violencia política de redes transnacionales delictivas y terroristas”.

Porque ese es el núcleo del problema ecuatoriano que se ha ido advirtiendo. No se trata solo de sicarios en las calles o de cárceles tomadas. El narcoterrorismo es una de las fusiones letales entre violencia criminal y violencia política. Pero además, los cárteles no solo trafican; financian campañas, sobornan jueces y fiscales, infiltran militares y policías y asesinan candidatos (como Fernando Villavicencio). Es la “narcopolítica exportada" que describimos también con anterioridad (ver: "Narcopolítica de exportación". M. Lagos. 1/3/2026. Expreso). El CJNG (Cártel Jalisco Nueva Generación) y Sinaloa ya no son solo socios de Los Lobos en Ecuador; han convertido al país en una “bodega de cocaína” donde el Estado ha sido capturado seriamente en ciertos niveles. A esto se enfrenta hoy el régimen de Noboa con apoyo externo —vía el Escudo de las Américas como respuesta hemisférica— al haber sido rebasados por estos males activos. Años atrás, pues, el correísmo prochavista expulsó a agencias como la DEA, el FBI y dejó un vacío que fueron llenando los narcoterroristas. A estos se suman otras economías ilegales como la minería criminal que ha ido recurriendo a métodos terroristas (mineterrorismo). En Perú se está viviendo este tipo de violencia en Pataz.

¿El Mossad volvió a Ecuador?

Pero hay un actor que añade una dimensión aún más profunda: Israel. En mayo de 2025, el propio presidente Noboa reveló en entrevista exclusiva con AFP que Israel aceptó proporcionar inteligencia específica para combatir a los cárteles en puertos y fronteras. No es presencia militar, pero sí cooperación oficial en el terreno donde más duele. O sea, inteligencia de alto nivel —acciones no cinéticas— sobre rutas, lavado y financiamiento terrorista. Exactamente lo que el narcoterrorismo —y el mineterrorismo— teme. Esto se complementa con acciones militares sobre el terreno (por ejemplo, solo esta semana, cerca a la frontera con Peru, se destruyó 129 campamentos, 94 bocaminas, 56 chancadoras y se recuperó 130 hectáreas).

Y aquí vale recordar la advertencia histórica que pocos conocen en detalle. En agosto de 2023 —antes de Noboa— un equipo dirigido por Udi Levy (exnúmero dos del Mossad, mano derecha del exdirector Meir Dagan y responsable de la guerra económica contra el terrorismo) operaba en Quito. Levy ya no era un agente en activo, era asesor internacional tras su retiro, pero con la misma expertise que lideró la Operación Cassandra (2006-2015), el acuerdo amplio EE.UU. e Israel para desmantelar las redes de Hezbollah que lavaban dinero del narcotráfico en Colombia y Venezuela.

En entrevista exclusiva (La Nación. 30/8/2023), Levy lo contó con crudeza: “En Quito debí dejar una investigación cuando la vida de los miembros de mi equipo comenzó a estar en peligro. Decidí no continuar porque se había llegado a personas muy altas, era muy peligroso para mí y mi equipo y los estaba poniendo en riesgo”. Explicó además el traslado del problema: “En el caso de Colombia, como consecuencia del éxito que tuvo la acción de los Estados Unidos, el foco del narcoterrorismo se mudó a Ecuador”. Y vinculó todo al financiamiento de Hezbollah e Irán: “En Ecuador, por ejemplo, se siguen usando drogas para financiar al terrorismo. Nuestros enemigos no son tontos. Cuando se descubre una zona, enseguida mueven el foco hacia otra”.

Levy abandonó Ecuador abruptamente. No por falta de voluntad, sino porque la investigación había tocado “personas muy altas". Exactamente la narcopolítica a la que hemos hecho referencia; es decir, la convergencia entre cárteles, políticos corruptos y economías ilícitas que trenzan cocaína con minería, contrabando, tala ilegal y financiamiento terrorista. Un combo letal, que va replicándose en varios países.

Esa retirada forzada de Levy en 2023 es la prueba más clara del grado de penetración delictiva —con fines tanto económicos como políticos— que tenía el país antes de Noboa. Un asunto realmente grave. Hoy, con la inteligencia israelí aceptada oficialmente, el Mossad no “volvió” con botas en el terreno (al menos no públicamente), pero su expertise sí está de regreso en el Escudo de las Américas.

Como se ha venido advirtiendo, Ecuador —y la región— no podrán contener y después hacer retroceder estos males solo con desconectados operativos policiales internos. Hay que atacar, junto a aliados estratégicos, la convergencia transnacional criminal-política y la trama de economías ilegales que la sostienen sin importar fronteras. El retorno del FBI, la DEA y la inteligencia israelí bajo Noboa es un paso clave en ese sentido. Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay ya anunciaron cooperar con este esquema. Perú debe también integrarse de lleno a estos esfuerzos (esto dependerá, por supuesto, de quién gana las elecciones presidenciales).

Pero la pregunta sigue abierta. ¿Sabrá América Latina aprovechar esta ventana hacia la seguridad hemisférica y global? El Escudo de las Américas ya está en marcha. Ecuador lo activó primero. El resto del continente tiene que decidir si lo sigue… o sigue cayendo en el hoyo del nexo crimen-terror y de los poderes políticos infiltrados. *Miguel Lagos | Analista político 

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