Coalición extrema izquierda-caviar
En el volátil panorama electoral peruano de 2026, algunas encuestas revelan un ascenso inesperado de Alfonso López Chau, el candidato presidencial de "Ahora Nación", quien ha escalado posiciones en la intención de voto, alcanzando alrededor del 4% en mediciones recientes. López Chau se posiciona en un ambiguo "centro-izquierda", con coqueteos y conexiones evidentes con la extrema izquierda a la que le cuesta desmarcarse con firmeza, por ejemplo, del castrochavismo dictatorial y regional que ha desestabilizado por años a varios países.
La inclusión de figuras con posturas de apoyo, ambiguas o poco creíbles al chavismo en Perú —una fuerza política, ideológica y exportada que ha permeado en sectores antisistema— plantea riesgos persistentes para las dinámicas de poder internas, sobre todo en el sur, donde la infiltración táctica podría reconfigurar el aparato estatal capitalino y provinciano a favor de agendas extremistas y antidemócraticas. Tal como ocurrió con —el felizmente frustrado— proyecto que rodeó al prosenderista Castillo en 2021.
López Chau parece no ser un novato en controversias. Su trayectoria incluye casos de corrupción e investigaciones que lo han puesto bajo escrutinio. Actualmente enfrenta una investigación fiscal por colusión agravada durante su gestión como rector de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), relacionada con irregularidades en contratos. Además, estuvo preso en la década de 1970, aunque él lo atribuye a detenciones políticas durante la dictadura militar de Velasco Alvarado; documentos del INPE sugieren cargos por asalto y robo, amnistiados posteriormente, lo que no figuró en su hoja de vida electoral. Esta noticia causó hace poco revuelo en los medios.
A esto se suma una columna de 1989 donde describió al jefe terrorista del MRTA, Víctor Polay Campos—responsable de atentados, secuestros, asesinatos y nexos con el narcotráfico—, como un "luchador social y político", un texto que hoy rechaza, pero que evidencia una indulgencia histórica con figuras de la violencia armada terrorista. Estos episodios no son simples anécdotas, revelan una dinámica de ambigüedad que podría normalizar narrativas extremas en el poder.
Sus propuestas agravan las alertas. López Chau aboga por usar reservas del Banco Central de Reserva —hasta "la mitad" de los 100 mil millones de dólares— para inversiones “productivas”, una idea populista que erosiona la autonomía del BCR y evoca experimentos económicos fallidos en Venezuela o Bolivia. Asimismo, impulsa una "nueva Constitución", entusiasmo compartido por izquierdistas antisistema y sectores caviares de “centro”, que ven en ella una oportunidad para reescribir las reglas del juego a su favor ideológico desestabilizando instituciones clave en un país ya fragmentado. No menor es el vínculo de sus listas electorales con la minería ilegal: candidatos con sentencias e investigaciones fiscales, incluyendo figuras ligadas a actividades extractivas irregulares, sugieren una permisividad a intereses opacos que podrían capturar el Congreso. Hace poco anunciarom que expulsarán a estos elementos luego de no haber puesto filtros previos que impidan esta presencia.
Este escenario parece no ser único. Así como la izquierda extrema se ha dispersado o “diversificado” tácticamente en varias organizaciones como el de López Chau o el de Luna Gálvez y Podemos (ahora con castillistas como Raúl Noblecilla y Guido Bellido) para reagruparse luego en el Parlamento, el caviarismo de “centro” —el progresismo de “indignación” selectiva— imita la jugada, también pactando con Chau e incluso infiltrando otros partidos de centro-derecha o derecha en ruta desesperada al Parlamento bicameral.
Un ejemplo es el del otrora vizcarrista Harvey Colchado, exjefe policial de la Diviac y candidato al Congreso por Ahora Nación de López Chau. Señalado por diversas voces políticas y partidarias como operador en el terreno policial del sector político caviar, Colchado habría sido clave en montar una estructura tipo policía política junto a fiscales politizados, bajo el pretexto de “lucha anticorrupción”, pero aplicada selectivamente contra adversarios ideológicos o políticos como Alan García —quien se suicidó tras un allanamiento— y Keiko Fujimori quien llegó a ser encarcelada varias veces impidiéndole ganar la presidencia. Esta "policía política", desactivada con cambios gubernamentales imprevistos, podría reactivarse con la llegada de Chau al poder, permitiendo al caviarismo recuperar zonas de poder para manipular procesos políticos a favor de sus favoritos. “Para mis amigos todo, para mis enemigos la ley”, dice el dicho. En esa misma línea, López Chau ha pedido el apoyo de Marisol Pérez Tello —señalada por muchos como la “ministra de Odebrecht”—, lo que confirma que su proyecto busca articular una coalición extrema izquierda-caviar.
En este contexto de infiltración, el proyecto de López Chau ha atraído a figuras no menores, consolidando una coalición híbrida que va desde la extrema izquierda hasta el “centro” político caviar. Destacan incorporaciones como la de Ruth Luque, excongresista de Juntos por el Perú, quien postula al Senado, pese a su trayectoria en agendas antisistema; Mirtha Vásquez, expremier del prosenderista Pedro Castillo y también candidata al Senado. Vásquez es además miembro ilustre del Grupo de Puebla, un brazo obvio del izquierdismo prochavista en Latinoamérica. También está Indira Huilca, excongresista de Nuevo Perú que busca un escaño en el Congreso. A ello se suma Luis Villanueva Carbajal, secretario general del Partido Comunista Peruano, quien acompaña a López Chau como candidato a la primera vicepresidencia, consolidando la presencia orgánica de la izquierda más dura dentro de su proyecto. Junto al expolicía politizado Colchado y otros, estos perfiles muestran cómo Ahora Nación se convierte en un refugio para actores que no dudan en impulsar más polarización y ansiosos cambios constitucionales, "refundacionales" e impredecibles en el país.
De acuerdo a los análisis políticos de los últimos años no sorprenderá ver que el factor caviar no tenga reparos en ser funcionales a un proyecto que impulse incluso una asamblea constituyente altamente conflictiva, pese a los riesgos para las frágiles libertades políticas y económicas nacionales.
En un Perú donde la polarización múltiple —escribiremos sobre esto en próxima columna— y la fragmentación partidaria amplifica infiltraciones, el ascenso de López Chau representa una advertencia no menor. No solo sobre el relanzamiento de un proyecto con ecos de la agenda de la extrema izquierda regional, sino sobre la resurrección de mecanismos de manipulación policíacos que prioricen agendas ideológicas, políticas y juegos de poder selectivos. Veremos si el votante es advertido al respecto y pondera estos riesgos evidentes. Miguel Lagos | Analista político
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