menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Obra pública: ineficiencia o corrupción

14 0
12.03.2026

En nuestra columna de la semana pasada pusimos como ejemplo de pésima gestión y un gasto cíclico de enormes sumas de dinero público para obras que serían destruidas ante cada evento de la naturaleza, que se repite también cíclicamente, los desbordes que destruyen decenas de hectáreas de sembríos e inundaciones de centros poblados por el río La Leche en Lambayeque. La hipótesis de tamaño gasto con nulos beneficios, dijimos, podía deberse simplemente a mala gestión por no prevenir lo previsible, por la carencia de estudios técnicos de calidad cuya ejecución no genere sobrecostos, o simplemente porque todos esperan la calamidad para provocar la eterna declaración de emergencia, que autoriza el gasto de grandes sumas de dinero para compras directas o contrataciones de empresas o proveedores, también de manera directa y sin control. Hemos estado por el interior del país y, teniendo en cuenta la grave crisis por la que atraviesa el sector Salud y también Educación, hicimos indagaciones sobre las construcciones de nuevas edificaciones de hospitales para reemplazar a los antiguos, cuya capacidad ya había sido desbordada. No hay ciudad en donde la gente no se quejara, primero, porque la nueva obra se termina cinco o diez años después de iniciada la construcción; segundo, porque a su culminación se descubre que su capacidad en camas y en atenciones es menor a la que tenía el hospital antiguo; y, tercero, porque al terminarse la nueva obra ya la población había crecido con varias generaciones nuevas cuya demanda de salud sobrepasaba largamente la capacidad de respuesta de la nueva estructura hospitalaria. Lo peor es que en muchos casos las nuevas estructuras tienen tan mala calidad de construcción que no soportan lluvias, climas adversos ni siquiera la saturación provocada por la cantidad de pacientes que acuden allí, de modo que hay que seguir gastando dinero reparando daños que jamás debieron producirse. Si a esto se agrega la falta de medicamentos, almacenes sin control de stocks para programar adquisiciones, con laboratorios precarios y con máquinas de imágenes y otros exámenes especiales que no existen o, si existen, se malogran continuamente por la saturación de pacientes y están en constante estado de reparación, esto es para llorar, porque si, teniendo en cuenta la situación macroeconómica del país y el nivel de producción y los resultados favorables de inversión, no podemos decir que falta dinero; hay dinero, pero lo que sobra es ineficiencia, pésima gestión y corrupción. Lo trágico es que los involucrados en estas causales son eternos candidatos políticos y la paradoja es que la población los vuelve a elegir una y otra vez, de modo que la rueda de molino seguirá girando en el mismo sentido y con los mismos resultados. Algo similar ocurre con la construcción y mantenimiento de centros educativos y ya ni hablemos de carreteras, avenidas, puentes y todo tipo de infraestructura: no tenemos estudios técnicos y tendremos que esperar diez años a que terminen las obras con un sobrecosto gigantesco. Algo hay que hacer, pero se necesita gente que se atreva.

Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.

📲 Noticias a tu WhatsApp

Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.


© Expreso