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Así deben terminar los dictadores

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05.01.2026

Maduro sospechaba algo. Las últimas noches, antes de ser capturado, paseaba como zombi manejando una camioneta, acompañado por un periodista español y dos sobones contratados para sonreírle tras cualquier necedad. Era el presagio del final del secuestro de Venezuela que iniciara su padre putativo, el impresentable jerarca Hugo Chávez Frías, quien condenó a los venezolanos al hambre, la tortura, el secuestro, el espanto y a la ignominia de una carcelería graficada por su peor manifestación de crueldad, sevicia y abuso.
Aquellos surrealistas viajes nocturnos hacia ningún lado —con Maduro conduciendo— quedarán para el recuerdo en las grabaciones realizadas por el propio Maduro sobre sus alucinaciones, necedades y pánicos, a través de alguna cámara montada ex profeso al interior de la cabina del lujoso vehículo. Maduro iba acompañado —repetimos— por un periodista español —acaso amigo del expresidente español José Rodríguez Zapatero, suerte de enamorado político de Maduro— y de otras dos personas. Quizá........

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