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Educación y salud: lo que los planes de gobierno aún no priorizan

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Al revisar los ejes de educación y salud de los planes de gobierno para las elecciones de 2026, analizados en estas páginas los martes y viernes, se observa un esfuerzo desigual por abordar los problemas estructurales del país. En varios casos hay diagnósticos correctos, pero en general los planes siguen siendo franciscanos: identifican los problemas, sin atreverse a proponer transformaciones profundas. La educación es, ante todo, un tema económico y no únicamente social. Sin educación de calidad no hay productividad, no hay innovación y, por tanto, no hay desarrollo sostenido. Los resultados lo demuestran. Según PISA 2022, solo 34% de los estudiantes peruanos alcanza el nivel mínimo en Matemática. Esto significa que dos de cada tres estudiantes no desarrollan las competencias básicas para enfrentar un mundo cada vez más tecnológico. El problema no es únicamente pedagógico; es también estructural. Los propios planes de gobierno reconocen que cerca de la mitad de los colegios del país presentan daños graves en su infraestructura. Durante años se ha advertido que más de 1500 instituciones educativas podrían colapsar en cualquier momento. Sin embargo, cada año escolar comienza como si no existiera el riesgo de que estos locales se desplomen ante un sismo de 6 grados. Por eso resulta necesario pensar soluciones distintas. Una alternativa viable sería reorganizar la jornada escolar con un sistema mixto por turnos: clases presenciales tres días por semana —por ejemplo martes, jueves y sábado— y educación virtual los otros tres días —lunes, miércoles y viernes—. Recordemos que según OSIPTEL, el 92% en Lima, y el 85% en sierra y selva, disponen de conectividad vía smartphone. Este modelo permitiría reducir la presión sobre la infraestructura existente mientras se reconstruyen los colegios, mejorar el acceso a contenidos digitales y aprovechar mejor los recursos tecnológicos disponibles, incluso incorporando contenidos de alta calidad nacional e internacional, a través de videos vía Whatsapp. Aquí aparece el retroceso en educación tecnológica. La robótica construccionista (basada en la “Escuela del Futuro” del científico social Seymour Papert en Boston) empezó a introducirse en el Perú desde 1996 como una herramienta interdisciplinaria para desarrollar pensamiento lógico, creatividad y resolución de problemas, hecho documentado por el Discovery Channel en el 2000. En ese proceso, el año 2008, se adquirieron más de un millón de laptops XO para estudiantes de primaria, distribuidas en cerca de 20 mil colegios del país junto con material de robótica. Lo que quedó inexplicablemente pendiente fue la capacitación docente. Sin embargo, en los últimos diez años la robótica construccionista ha sido desplazada por materiales monodisciplinarios que fragmentan el aprendizaje. En un mundo donde la inteligencia artificial se está convirtiendo en la infraestructura básica del conocimiento, este retroceso resulta incomprensible y perjudica directamente a los estudiantes, que desde hace 30 años son nativos digitales. Mientras el mundo avanza rápidamente, la competencia tecnológica entre Estados Unidos y China también se expresa en la educación. Estados Unidos concentra el desarrollo de IA en universidades y grandes empresas; China la ha incorporado desde la educación básica, vinculándola con filosofía y humanidades para formar ciudadanos capaces de usarla con sentido ético. Ese equilibrio entre tecnología y pensamiento humanista es clave. La inteligencia artificial puede multiplicar las capacidades humanas, pero necesita un marco de valores que oriente su uso. Por otro lado, cuando se analizan los planes de gobierno en materia de salud se observa mucha preocupación propositiva en la mayoría de partidos. La razón es simple. Los resultados de la crisis sanitaria son visibles todos los días en los medios de comunicación y afecta de manera directa a millones de personas de todas las edades. Las colas interminables, la falta de camas UCI, la escasez de personal y de equipamiento médico, o el desabastecimiento de medicamentos forman parte de la experiencia cotidiana de millones de peruanos. Tanto en el Ministerio de Salud como en EsSalud aparecen problemas similares: fragmentación institucional, duplicidad de funciones y gestión deficiente. Sin embargo, incluso en este campo los planes suelen quedarse en la superficie. Se discute infraestructura hospitalaria, financiamiento o gestión, pero rara vez se reconoce una verdad fundamental: la salud también depende de una población educada. Una sociedad mejor formada se cuida más, previene enfermedades y utiliza de manera más eficiente los servicios médicos. Por eso, si los candidatos presidenciales quieren discutir el futuro del país, deberían empezar por asumir una premisa básica: sin educación ni salud accesible de calidad no hay desarrollo sostenible posible. Debemos lograr que cualquier peruano, viva donde viva, tenga acceso a las mismas oportunidades.

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