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El Perú no es de los que tienen plata como cancha

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El Perú vive hoy bajo un sistema político que, aunque se presenta como democrático, funciona en la práctica como una plutocracia: el gobierno de los que tienen plata como cancha. No se trata solamente de corrupción —que ciertamente existe—, sino de algo más profundo: la captura del Estado por intereses privados que lo utilizan para su propio beneficio. Los plutócratas saben muy bien cómo manejar el Estado en su propio beneficio. Financian campañas, influyen en decisiones legislativas, presionan a los gobiernos de turno y colocan operadores en puestos clave del aparato estatal. El resultado es un Estado que con frecuencia deja de servir al pueblo y pasa a servir a minorías privilegiadas. Por eso vemos decisiones públicas que favorecen a unos pocos, mientras millones de peruanos siguen esperando servicios básicos. Hospitales sin equipamiento, colegios deteriorados, carreteras abandonadas y una inseguridad creciente conviven con beneficios para sectores privilegiados. El ciudadano común siente que el Estado no lo protege. La plutocracia no siempre gobierna de manera visible. Muchas veces lo hace a través de la influencia, del financiamiento político o de redes de poder que actúan detrás del escenario. El problema no es la empresa privada ni el éxito económico. El Perú necesita empresarios, inversión y crecimiento, que deben ser apoyados. El problema aparece cuando el poder económico se convierte en poder político y cuando el Estado deja de representar al conjunto de la nación. Frente a esta realidad, el Perú necesita un cambio profundo, pero responsable. No una revolución violenta, sino una transformación democrática que recupere el Estado para los ciudadanos y que establezca la economía social de mercado que consagra nuestra Constitución, eliminando la economía mercantilista que hoy existe en el Perú. Eso significa terminar con privilegios políticos, con la corrupción estructural y con el uso del Estado como botín. El Perú tiene la capacidad histórica para realizar ese cambio. Nuestra sociedad es trabajadora y democrática. Lo que falta es voluntad política para romper con el sistema que ha bloqueado el desarrollo nacional. Un Estado verdaderamente democrático debe servir al interés general, garantizar igualdad de oportunidades, promover competencia real y evitar que el poder económico capture las decisiones públicas. Esa es la Revolución Pacífica que plantea Perú Acción: recuperar el Estado para ponerlo al servicio del pueblo peruano. Solo así construiremos finalmente una república justa, moderna y verdaderamente democrática.

(*) Presidente de Perú Acción Presidente del Consejo por la Paz

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