El reto del Perú: la diversificación productiva con escala
Las cifras de enero confirman una tendencia que se repite con frecuencia en la economía peruana: cuando la minería avanza, las exportaciones del país crecen con fuerza. Se trata, sin duda, de una señal positiva; sin embargo, este desempeño también vuelve a evidenciar una realidad estructural que el Perú aún no logra superar: su marcada dependencia de los recursos primarios. Los envíos tradicionales crecieron 43.3% y concentraron el 78.3% del total exportado (US$ 7,202 millones de US$ 9,192 millones). Este resultado reafirma el peso de los commodities en la economía nacional, pero también pone de manifiesto la vulnerabilidad que implica depender en gran medida de factores externos, como la volatilidad de los precios internacionales y los ciclos de la demanda global. En contraste, las exportaciones con valor agregado representaron el 21.7% restante (US$ 1,990 millones) y registraron un crecimiento de apenas 1.6%, un avance claramente más moderado. La agroindustria continúa consolidándose como el principal pilar de esta oferta; no obstante, ocho sectores registraron retrocesos, entre ellos el químico, minería no metálica, confecciones, metalmecánica y joyería. En ese contexto, Estados Unidos —principal mercado de los envíos no tradicionales— presentó resultados heterogéneos en enero. A pesar del crecimiento general, sectores como prendas de vestir, metalmecánica, siderometalurgia, joyería y minería no metálica registraron caídas. Este comportamiento evidencia los desafíos que enfrentan las actividades intensivas en generación de empleo en un entorno cada vez más competitivo, donde convergen países que impulsan activamente políticas de promoción productiva y comercial, así como por mayores exigencias internacionales en materia de productividad, certificaciones, innovación y acceso a mercados. Todo esto se desarrolla, además, en medio de un escenario global complejo. Las tensiones geopolíticas con Irán generan incertidumbre en los mercados energético y logístico, mientras que, a nivel interno, persisten riesgos asociados al abastecimiento energético y a la estabilidad institucional. Ambos factores pueden incidir en la competitividad de la producción nacional y en la capacidad de las empresas para sostener su presencia en los mercados internacionales. En el sector agroindustrial, por ejemplo, ya se observa un incremento en el precio de los fertilizantes. En ese marco, preservar la estabilidad política resulta fundamental. El comercio exterior es uno de los principales motores del crecimiento económico del país y un generador clave de empleo formal descentralizado. Su dinamismo depende, en gran medida, de la confianza, la seguridad jurídica y la continuidad de las políticas públicas. El Perú necesita consolidar las bases que permitan no solo sostener el crecimiento exportador, sino también avanzar hacia una estructura productiva más diversificada, con escala y mayor participación de bienes con valor agregado y una menor dependencia de los recursos primarios. El desafío, por tanto, no es elegir entre recursos naturales o diversificación, sino aprovechar el impulso que hoy generan los commodities para fortalecer una estrategia de desarrollo productivo más amplia. Convertir el dinamismo exportador en una plataforma para impulsar la innovación, la industrialización y el crecimiento de sectores con mayor valor agregado será clave en el objetivo de construir una economía más resiliente, capaz de generar más empleo y enfrentar con mayor solidez los cambios del entorno internacional.
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