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Reserve su infarto

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05.04.2026

Y llegó la hora de trastocar los deseos por la realidad. El cierre de las campañas electorales de primera vuelta este jueves 09 de abril zanjará una etapa donde las discusiones altisonantes y estériles no tendrán cabida. Todo estará consumado en la íntima voluntad popular y lo que arrojen las urnas tres días después solo habrá de corroborar cuál estrategia triunfó y cuáles fueron ineficaces. Porque no nos engañemos ni describamos el voto del domingo 12 con exaltaciones de aparente sabiduría, patriotismo y madurez. No serán elegidos los mejores programas ni quizá las personas idóneas para ejecutarlos, tanto en la primera magistratura como en las cámaras del Congreso y el Parlamento Andino. En un país cruzado por las economías paralelas y las conductas informales, ganarán quienes respondan a los grandes intereses fácticos o por lo menos no parezcan amenazarlos (minería y tala ilegal, narcotráfico, trata de personas, tráfico de tierras) y al mismo tiempo hayan logrado mecanismos efectivos de conexión emocional con los sufragantes. Por eso hablo de estrategias triunfadoras. Innegable que existan algunos votos “conscientes e informados”, pero la verdad es que nunca son mayoría. El riesgo mayor que se observa a estas alturas es la dificultad para marcar certeramente en las cédulas los símbolos de las opciones escogidas o escribir los números de los aspirantes al Parlamento. No menos riesgoso y preocupante es que, hasta ayer, la ONPE solo haya logrado capacitar al 37,8 % de los miembros de mesa. Hoy continuará la jornada instructora, pero todo indica que los errores materiales tanto en el conteo de votos como en la elaboración de las actas respectivas estarán a la orden del día y bajo la presión de un ejército de personeros representando a los 38 partidos que figuran en la cédula. ¿Qué experiencias nos deja esta primera parte de unos comicios cada vez más atípicos? Lo primero es la reducción de la calidad democrática del país a niveles tribales (apostando a que los zulúes ordenan con más fortuna sus temas colectivos), amparada en leyes y resoluciones jurisdiccionales que —a modo de ejemplo— permiten la postulación presidencial de un prófugo de la justicia o de sentenciados por delitos contra el Estado (caso Mario Vizcarra) y el inmediato transfuguismo de congresistas. Transfuguismo y ausencia de identidades permanentes, como que el 82 % de candidatos en todos los niveles ha militado en distintos partidos. Lo segundo es que los ejes para hacer política hoy se ubican lejos de los antiguos centros de gravitación donde se pretendía formar a los ciudadanos en base a ideologías o utopías. Salvo Vladimir Cerrón y su inquebrantable fe en el marxismo-leninismo, el resto de contendientes de la izquierda se exhibió congelado en discursos desarrollistas o estatistas. Y en la derecha, solo hubo autoproclamaciones de esta postura sin mucha claridad en la explicación de lo que representaba. Con todo, llegamos a este recodo en el camino. Reserve usted sus alegrías, tristezas, nervios, tranquilidad o infarto. Para todo hay.

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