menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Lecturas con alarma

15 0
29.03.2026

El tablero donde se juega el destino electoral del Perú se ha ensanchado de manera desproporcionada, a la vez que ha incorporado nuevas piezas cuya dinámica desequilibra a los rivales más que el milenario ajedrez. Resulta por ello indispensable ampliar también las perspectivas para no quedar atrapados en una evaluación convencional de esta democracia herida bajo la cual nos atrevemos a convocar al sufragio. Empecemos por la majadería de continuar estableciendo paradigmas ideológicos en la disputa del poder. Aunque las percepciones o autodefiniciones de ciertos candidatos, ubicándose en la derecha, el centro o la izquierda, sean referentes lanzados al viento, los electores ya abandonaron hace tiempo esa cuadrícula. Las utopías de cambio revolucionario, moderado o progresivo dentro de un estatus conservador fueron barridas desde la última década del siglo XX por una mayoría de compatriotas que anclaron su modo de vida en la informalidad (con leve frontera hacia la ilegalidad), la cultura chicha y el desprecio al tabladillo  político oficial. La indecisión mayoritaria a estas alturas de la campaña lo corrobora. El voto será la rúbrica de un proceso donde el ganador hará carne de muchas insatisfacciones y no de una ideología. Lo segundo es la necesidad de traducir las encuestas y las novedosas proyecciones algorítmicas con pinzas. Está demostrado que en sociedades complejas como la nuestra, aún no existe la metodología absolutamente infalible para extraer tendencias políticas definitivas y certeras de los votantes. Ocurrió también en Bolivia y en un país más institucionalizado como Chile. La verificación digital basada en diálogos desarrollados en las redes, que quizás puedan edificar conductas electorales (seguida por Vox Populi y otras empresas), es un complemento interesante que a veces enmienda la plana a los sondeos de opinión. Y hablando de redes, lo tercero es hundir el mito de que los dos millones y medio de jóvenes ciudadanos que concurrirán por primera vez a las urnas son prisioneros frívolos de ellas y optarán indefectiblemente por el candidato bailarín o el clip viral. La tecnóloga Maité Vizcarra ha desbaratado ese prejuicio tan extendido, sosteniendo que los jóvenes de hoy no están consumiendo  política, sino que la están interviniendo lejos de la estridencia y más cerca de la deliberación. Que el auténtico influencer moderno puede divertirse con los memes, pero usa tal vía para la crítica mordaz y la reflexión sin anestesia. (“Los novatos electorales. Los verdaderos influencers”. El Comercio, 26 de marzo). Y cuarto, tal como lo advertí en la columna pasada, los debates de candidatos convocados por el Jurado Nacional de Elecciones —sin duda, con la mayor buena fe— fueron un desastre en la forma y en el fondo. El motivo principal se sabe: 35 candidatos es una oferta excesiva. Darles por ello un minuto inicial para desarrollar propuestas sobre temas tan serios como seguridad ciudadana y lucha contra la corrupción es una broma. Estas polémicas no influirán como antes en el ánimo del elector. Solo pido encender las alarmas sobre estos ítems cuando se habla de ellos con una ligereza inexcusable.

Mira más contenidos en Facebook, X, Instagram, LinkedIn, YouTube, TikTok y en nuestros canales de difusión de WhatsApp y de Telegram para recibir las noticias del momento.

📲 Noticias a tu WhatsApp

Presiona AQUÍ y únete a nuestra comunidad 'Noticias al instante'.


© Expreso