La hora de producir
La reciente crisis en Oriente Medio, tras la muerte del líder supremo de Irán, confirma que el mundo ha entrado en una etapa de incertidumbre permanente. El primer impacto es inmediato y concreto: la subida del precio del petróleo. Para el Perú, que importa combustibles, esto significa mayores costos en el transporte, en la pesca, en la agricultura y en toda la cadena logística. El diésel más caro encarece los alimentos, reduce los márgenes de las micro y pequeñas empresas y presiona la inflación. Es un golpe de corto plazo que afecta directamente la reactivación productiva. Pero, al mismo tiempo, es una advertencia estratégica: los países que solo consumen lo que otros producen son más vulnerables que aquellos que transforman sus propios recursos. Las crisis globales reordenan las cadenas de suministro. Las grandes economías buscan proveedores confiables de alimentos, minerales y bienes industriales fuera de las zonas de conflicto. El Perú tiene una oportunidad histórica, pero solo podrá aprovecharla si deja de exportar principalmente materias primas y da el salto hacia el valor agregado. En minería, el Perú es uno de los mayores productores de cobre del mundo, pero exporta sobre todo concentrados. El verdadero desarrollo está en la fundición, refinación y manufactura metalmecánica: cables eléctricos, componentes para redes de transmisión, piezas para energías renovables y bienes industriales. Cada tonelada transformada en el país genera empleo calificado, tecnología y mayor ingreso nacional. En pesca, el Perú es líder mundial, pero gran parte de su producción se destina a harina y aceite. La oportunidad está en el procesamiento para consumo humano directo: conservas, productos congelados y proteínas marinas de alto valor. Esto puede multiplicar el valor de nuestras capturas y generar empleo industrial en nuestras propias ciudades costeras, en lugar de exportar el valor al exterior. En agricultura, el siguiente paso es la agroindustria. No basta exportar arándanos, paltas o mango fresco. El valor está en jugos, pulpas, alimentos procesados y productos con marca peruana. La transformación permite estabilizar precios, ampliar mercados y crear empleo formal en las regiones productivas. Existe, además, una herramienta inmediata y poderosa: las compras públicas. El Estado peruano compra más de 60 mil millones de soles al año. Si ese poder de compra se orienta a fortalecer proveedores nacionales, especialmente a las MYPE industriales, se crea un mercado interno capaz de impulsar la industrialización y reducir la dependencia externa. El aumento del petróleo nos recuerda una verdad elemental: depender de lo que el mundo produce nos expone a sus crisis. La única respuesta sostenible es construir una economía que transforme sus recursos en industria, empleo y tecnología. El Perú tiene minerales, mar, agricultura, ubicación estratégica y capacidad emprendedora. Lo que se requiere es decisión nacional. En el nuevo orden mundial, los países que generen valor serán los que aseguren su prosperidad. Para el Perú, esta no es solo una oportunidad. Es, claramente, la hora de producir.
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