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El duelo de la víctima

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21.02.2025

El fraude es un ladrón despiadado. No sólo vacía cuentas bancarias, también arrasa con la paz mental, la confianza y la dignidad de quien lo sufre. Y lo peor: las víctimas, en lugar de señalar al verdadero culpable, suelen enfrentar ese dolor en silencio, cargando una culpa que no les pertenece.

Nos han hecho creer que evitar un fraude depende solo de estar alerta. Pero esa idea es tan cómoda como peligrosa. Repetimos advertencias como si fueran un arma infalible, cuando en realidad el tema es mucho más grande. No se trata de distracción ni de ingenuidad, sino de un sistema que permite a los estafadores operar con total impunidad.

Hablar sobre fraude no basta. Hay que hacer las preguntas incómodas: ¿Por qué la protección falla? ¿Por qué culpamos a la víctima en lugar de exigir justicia? Si no cambiamos el enfoque, el problema nunca cambiará.

Pero hay algo más que ignoramos: un fraude deja cicatrices. No solo se lleva el dinero, también atraviesa emocionalmente a la víctima, que enfrenta un duelo con todas sus etapas: negación, ira, depresión… y, casi siempre, sola.

Las víctimas se niegan a creerlo. Es devastador aceptar que alguien jugó con su confianza, que su criterio falló, que las señales........

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