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El país necesita acuerdos que ayuden a mejorar las cosas. Por Sergio Muñoz Riveros

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27.04.2026

Los partidos opositores están sacando cuentas respecto de lo que les conviene más en esta coyuntura. Hay quienes ya tienen decidido el rechazo a la idea de legislar. Están en su derecho, pero quizás están leyendo mal el momento, condicionados por el prejuicio de que la derecha estaría genéticamente impedida de encarnar una perspectiva de progreso para el país. Otros opositores, en cambio, es posible que se den cuenta de que no pueden aparecer en una actitud mezquina, que se desentienda del interés nacional. El verdadero coraje político es atreverse a cruzar hacia la otra vereda para establecer acuerdos que ayuden realmente a mejorar las cosas.

Numerosos parlamentarios parecen convencidos de que, al declararse opositores, están apostando por el fracaso del gobierno. Su deber sería, por lo tanto, “hacerle la vida imposible”, como dijo Pamela Jiles antes de que asumiera Kast, o “negarle la sal y el agua”, como dijo en otros tiempos el PS cuando inició su gestión Frei Montalva, el primer presidente demócratacristiano.

Tal visión contradice los fundamentos de la vida en democracia, que necesita sostenerse en el compromiso básico de favorecer una convivencia en la cual las discrepancias no deriven en confrontación ciega. Para ello, es indispensable el funcionamiento de un sistema de contrapesos que impida la concentración del poder y asegure la estabilidad institucional, lo cual exige que tanto el gobierno como la oposición actúen dentro de la Constitución y las leyes. Todas las fuerzas políticas tienen la obligación de defender los procedimientos democráticos con la misma energía cuando están en el gobierno que cuando están en la oposición.

Ha iniciado su gestión un nuevo gobierno, y corresponde reiterar que la crítica de sus errores, incluso la denuncia y censura de sus eventuales ilegalidades, es una condición del funcionamiento del régimen de libertades. El escrutinio público de........

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