La violencia anunciada. Por Kenneth Bunker
Calificar al gobierno de Kast como ultraderecha no es un diagnóstico político. Es la señal que activa el relato. Sin un enemigo de esa magnitud, la tolerancia con la violencia no tiene justificación moral, la gobernabilidad de Boric no tiene mérito propio, y la causa pierde urgencia. La agresión a la ministra Ximena Lincolao no fue una sorpresa. Fue una consecuencia.
La agresión sufrida por la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, en la Universidad Austral el 8 de abril generó reacciones de condena transversal. Y con justa razón, si luego de recibir golpes y ser insultada por su origen étnico debió estar retenida por más de dos horas y luego escoltada por la PDI para poder salir del recinto. Sin embargo, la pregunta pertinente no es qué ocurrió ni por qué condenarlo, sino por qué seguir calificando este tipo de hechos como excepcionales o inesperados.
Desde al menos 2008, cuando la entonces ministra de Educación Mónica Jiménez recibió un jarrazo de agua durante una protesta estudiantil, los recintos educacionales en Chile empezaron a salirse de cauce. La agresión no produjo consecuencias significativas para quienes la perpetraron ni abrió un debate sostenido sobre los límites de la movilización. Lo que sí hizo fue bajar las barreras de lo tolerable, lo que con el tiempo terminó permitiendo las tomas masivas, las quemas de infraestructura pública y las retenciones o persecuciones de autoridades que vinieron después.
El reciente caso Lincolao introduce, sin embargo, una dimensión que agrava la inconsistencia de quienes han tolerado o relativizado este patrón durante años. Lincolao no solo es mujer, es mapuche también. Dos características que la izquierda ha reivindicado con especial énfasis como identidades que merecen protección frente a la discriminación y la violencia. E incluso así, no solo fue agredida física y verbalmente, sino insultada de manera explícita por su pertenencia étnica.
Es imposible no imaginar lo que hubiera ocurrido bajo un gobierno de signo opuesto con una ministra con las mismas características personales, pero de militancia de izquierda. La respuesta habría sido cualitativamente distinta. Por lo mismo, lo que llama la atención en este caso no son solo las condenas con “pero”, sino el silencio de quienes en gobiernos........
