La fiesta de jubilación
A Boric los suyos no le piden coherencia sino pertenencia, y eso es exactamente lo que fue a buscar a La Pintana. Se paró al lado de la figura más querida del sector, la homenajeó sin pedirle perdón por nada específico y se llevó la foto que necesita para pelear la próxima nominación. En lo inmediato, el intercambio les conviene a ambos. Bachelet sale de una derrota con un teatro repleto. Boric sale con la bendición de la mujer que su generación quiso jubilar a gritos, y que ahora él jubila con aplausos.
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Un día después de cumplir 75 años, Michelle Bachelet llenó el Teatro Municipal de La Pintana. Fueron más de mil personas para una sala de no más de 750 butacas, con parlamentarios, alcaldes y directivas de todos los partidos de oposición, reunidos para desagraviarla tras el retiro de su candidatura a la Secretaría General de las Naciones Unidas.
Fue la primera vez en años que la oposición completa se juntó para posar para la misma foto. La expresidenta trató de no decepcionar a su público. Cerró advirtiendo que, a quienes pensaban que se iría para la casa, les tenía una mala noticia.
Antes de Bachelet había hablado Gabriel Boric, quien en su discurso reconoció haber sido crítico de Bachelet como dirigente estudiantil y en su primer período como diputado. Lo contó casi como quien recuerda una travesura de juventud, sin detenerse demasiado, y pasando rápidamente de eso al punto siguiente.
Que el acto fue un desagravio no lo discute nadie. La pregunta relevante, sin embargo, es a quién le sirvió. Si de algún modo el acto pretendía reinsertar a Bachelet en la política nacional, es bastante evidente........
