Colapso del diálogo: ¿La irrupción del estilo MAGA en la política chilena? Por Jorge Schaulsohn
Es cierto que el gobierno de Boric no se ha destacado por su transparencia en asuntos delicados de política exterior. Pero nada justifica el envilecimiento de nuestra política, como abandonar una reunión con el presidente de la República y poner fin a las reuniones bilaterales, procediendo a la descalificación moral, ética y política de todo el gobierno. Fue un punto de inflexión de Kast, que se había mostrado hasta ahora relativamente sobrio.
Obligación republicana. La semana política ha sido intensa y desconcertante. Parece que no somos inmunes a las disrupciones, abusos y arbitrariedades que, hasta ahora, observábamos con cierta indiferencia como algo que ocurría en otras latitudes.
Como dice el refrán, “el golpe avisa”, y eso fue exactamente lo que pasó con la adopción de sanciones por parte de Estados Unidos en contra de ministros y subsecretarios del gobierno del presidente Boric.
Es decir, perdimos la “virginidad”; Chile no es una excepción y también está expuesto a los castigos, represalias, caprichos y designios de Donald Trump.
A esta nueva realidad, tenemos que agregar el envilecimiento de nuestra política , donde se abandona una reunión con el presidente de la República y se pone fin a las reuniones bilaterales entre las futuras y las actuales autoridades, procediendo a la descalificación moral, ética y política de todo el gobierno.
Para justificar la ruptura, el equipo del presidente electo difundió una minuta entre sus partidarios con una frase particularmente dura: “No es posible continuar hablando con un gobierno que actúa de mala fe, oculta información y que ha materializado acciones que dinamitan cualquier confianza”.
Durante décadas, Chile cultivó con orgullo una práctica institucional que ha sido clave para la estabilidad democrática: la de un traspaso ordenado y colaborativo del poder entre gobiernos.
No se trata de una mera formalidad administrativa. Tampoco hay una obligación legal de que existan reuniones bilaterales de traspaso de información. Más bien se trata de un gesto político de alto valor simbólico que transmite continuidad del Estado y respeto por la voluntad popular.
Los gobiernos pasan, pero el aparato estatal permanece, y por eso la cooperación mínima entre autoridades salientes y entrantes ha sido considerada una cuasi “obligación republicana básica”.
El ejemplo de Piñera. Hasta ahora, incluso en momentos de intensa polarización, los equipos técnicos habían mantenido canales de comunicación para asegurar un traspaso de información fluido.
Como ocurrió entre Piñera y Boric, pese a que la oposición intentó ponerle término anticipado a su gobierno, lo acusó de los más tremendos crímenes y el mismísimo Boric lo amenazó con llevarlo a la Corte Internacional de Justicia.
El lenguaje no es neutral en política; en este caso, el tono de la declaración parece inspirado en un repertorio discursivo que en los últimos años se ha vuelto cada vez más familiar entre los movimientos de derecha radical a nivel internacional.
En este caso, la acusación de “mala fe”, la afirmación de que el gobierno “oculta información” y la idea de que sus acciones “dinamitan cualquier confianza” no describen simplemente un desacuerdo.
Ese tipo de formulación descalificadora es la esencia del estilo político asociado al movimiento MAGA (Make America Great Again), que se ha articulado en torno al liderazgo del presidente de Estados Unidos.
En ese repertorio discursivo, el adversario político no es simplemente alguien con quien se discrepa, sino un actor indeseable, repelente y deshonesto. La confrontación deja de ser programática y se transforma en una expresión de superioridad moral.
La política, bajo ese esquema, ya no es una disputa entre proyectos para convertirse en una lucha entre quienes dicen representar la verdad y quiénes serían, por definición, mentirosos o corruptos.
La frase difundida por el equipo de Kast calza con esa lógica. La ruptura con el gobierno se presenta como una decisión estratégica y como un imperativo moral frente a un interlocutor que habría perdido toda credibilidad.
Puto de inflexión. Ese tipo de retórica cumple una función “performativa”. No describe la realidad, sino que la produce. Al declarar que la confianza ha sido “dinamitada”, se legitima la decisión de suspender la cooperación.
Es cierto que el gobierno de Boric tampoco ha destacado precisamente por su transparencia en asuntos delicados de política exterior y seguridad. En más de una ocasión ha entregado información tardía o fragmentaria, generando desconfianza en distintos sectores políticos. No es descabellado que el equipo entrante sospeche que ciertos antecedentes no han sido compartidos con la claridad necesaria.
Pero incluso si esa sospecha fuera fundada, la pregunta sigue siendo si es legítimo recurrir a la descalificación global de todo un gobierno, ofender gratuitamente a los partidos políticos que lo apoyan y generar un clima hostil entre los parlamentarios, en cuyas manos está el destino de sus proyectos.
Fue un punto de inflexión para Kast que se había mostrado, relativamente sobrio. Durante semanas, el líder republicano evitó la retórica incendiaria que caracterizó parte de su trayectoria política anterior. Sus declaraciones habían sido prudentes, incluso moderadas, en contraste con la imagen que muchos de sus críticos tenían de él.
Por eso llama la atención que la “crisis” haya ocurrido justo cuando este fin de semana varios líderes latinoamericanos cercanos ideológicamente al trumpismo, incluyendo el presidente electo, se reunirán en Miami para discutir la creación de un supuesto “escudo protector” del continente frente a la influencia de China y otros actores extra hemisféricos.
Visto así, la reunión solicitada por el presidente electo, a solas, con Gabriel Boric, justo antes de que se juntaran con sus equipos, aparece como una encerrona, una puesta en escena; como si todo hubiera estado cuidadosamente planificado de antemano como si Kast hubiese ido solo para poder retirarse, para crear un hecho político contundente.
Como lo señalan ellos mismos, se trató de “una determinación suficientemente meditada y que busca mostrar el ‘sello’ de la nueva administración: un gobierno que toma decisiones firmes”.
En otras palabras, este desplante no parece simplemente un gesto táctico en medio de una disputa puntual, sino que más bien representa la primera manifestación de una estrategia política más amplia inspirada en el manual de confrontación permanente que caracteriza al universo MAGA.
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