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Agresión a Lincolao: ¿Quiénes están detrás de la violencia política en Chile? Por Jorge Schaulsohn

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10.04.2026

Hay que decirlo con todas sus letras: desde el regreso de la democracia, la violencia política ha sido patrimonio de sectores de la izquierda en colegios, universidades y en la calle. El estallido social fue, quizás, la expresión más paradigmática de esa realidad, donde incluso se jugó con la idea de interrumpir el hilo constitucional.

No es un hecho aislado. Conmoción ha causado el ataque, funa, repudio o secuestro, cada cual podrá llamarlo como quiera, del que fue víctima la ministra Ximena Lincolao, a manos de una verdadera jauría de estudiantes de izquierda, enardecidos por su sola presencia.

Le lanzaron agua, empujaron a un oficial de la armada que estaba con ella, atacaron un vehículo de la PDI y la persiguieron mientras ella huía para proteger su integridad física.

No es un hecho aislado, pues hace pocos días el ministro de Hacienda fue increpado y agredido verbalmente en los pasillos del Congreso, por varios parlamentarios de oposición.

Son episodios distintos, pero conectados por un hilo común: la progresiva normalización de la violencia como forma de hacer política.

Hay que decirlo con todas sus letras: desde la recuperación de la democracia, la violencia política ha sido patrimonio de sectores de la izquierda, tanto en colegios y universidades como en la calle.

El estallido social fue, quizás, la expresión más paradigmática de esa realidad, llegando incluso a jugarse con la idea de interrumpir el hilo constitucional.

El primer incidente de este tipo, que causó enorme conmoción, ocurrió en 2008, cuando una estudiante de 14 años le lanzó un vaso de agua a la entonces ministra de Educación, Mónica Jiménez, en el Palacio de La Moneda.

Reiteración de c0nductas delictivas. La indulgencia frente a estas conductas, en un contexto de creciente crispación social, constituye una amenaza seria para la convivencia democrática.

Sin embargo, durante años se ha optado por relativizar, justificar o derechamente minimizar hechos que, en cualquier democracia sana, serían repudiados transversalmente por todos los sectores........

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