La primera renuncia de José Antonio Kast. Por Ignacio Imas
El gabinete de origen de un presidente no es solo una lista de nombres: es el primer mapa de sus objetivos. El presidente electo, después de distintos aplazamientos y casi a un mes de asumir, tiene el equipo de primera línea listo. El proceso dejó cicatrices visibles: partidos políticos manifestando una incomodidad, y en un caso más extremo como los Libertarios que, mostraron sus fracturas internas con amenazas de suspensión de militancia.
Pero más allá de estos hechos, lo que subyace la conformación de este equipo inicial es una apuesta que encierra una tensión peligrosa: la búsqueda de una autonomía técnica y más leal al presidente, pero con una orfandad política versus las presiones permanente de los partidos políticos que integran la futura administración.
El diseño original de José Antonio Kast para su desembarco en La Moneda parecía extraído de un manual de resistencia ante la política tradicional: un gabinete de “primera línea” blindado por la técnica, con lealtades concéntricas hacia su figura y un desdén implícito hacia las estructuras partidarias.
Sin embargo, la realidad -esa fuerza que no perdona, a pesar del voluntarismo- ha forzado el primer giro de magnitud antes de asumir. Al ceder ante los partidos políticos en el nombramiento de Subsecretarías y Delegaciones Presidenciales, Kast no solo ha llenado cargos; ha firmado su primera gran renuncia táctica.
Esta capitulación marca el fin de la ilusión de la autonomía total. El........
