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Manouchehri-Cicardini: Tweedledee y Tweedledum. Por Álvaro Vergara

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15.04.2026

En la adaptación de Alicia y el país de las maravillas de Tim Burton, Tweedledum y Tweedledee hablan de forma divertida; se interpelan, completan las oraciones del otro y juegan con las palabras. En la obra original, en cambio, son recitadores de poemas y ermitaños de un bosque. Manouchehri y Cicardini se asemejan a la versión desmejorada de esos personajes; a la del cine de consumo.

Dobles de Tweedledum y Tweedledee, Bouvard y Pécuchet, Melón y Melame, o el Indio y el Flaco aparecen, de vez en cuando, en nuestro entorno. Distintas personas nos los recuerdan en el trabajo, en las familias o en los espacios deportivos.

Las parejas mencionadas funcionan como una unidad: ambos son uno, y uno no se entiende sin el otro. Separados, perderían toda su gracia (imagínense lo deslucida que debe ser una rutina del Indio en solitario). Una simbología compartida y un estilo inconfundible les otorgaron identidad y conocimiento. En política, nuestro Congreso de la República, tensionado por figuras que parecen más preocupadas de conseguir likes que de impulsar leyes, ha visto surgir una nueva pareja dinámica que se suma a las anteriores: Daniel Manouchehri y Daniela Cicardini.

Hace poco, ambos fueron retratados en su dimensión de pareja amorosa. Y es cierto: en ellos, el amor y las ganas de adquirir poder se unen en una especie de ser bífido. Sin embargo, esa no es la razón de su notoriedad. Aparecen en las portadas por las actuaciones que han cultivado, desde espacios institucionales y extrainstitucionales, para disputar el control de una debilitada izquierda tradicional.

Ambos asestan pequeños golpes desde dentro a las viejas maneras de hacer política: son una inyección de beligerancia, cuñas, distorsiones, uso........

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