Donald Trump, el anticristo que buscaba la izquierda. Por Álvaro Vergara
Personas sin ningún interés en el fútbol (algunas que incluso suelen denunciar una mercantilización y abuso del deporte rey) cuestionaron a Trump por haber intercedido para revertir la sanción impuesta a un jugador de Estados Unidos expulsado. Diputados chilenos que (en teoría) deberían estar concentrados en discusiones de mayor relevancia nacional, llegaron a exigirle a la ANFP que se enfrentara a la FIFA por el hecho. Esto puede sonar anecdótico, pero en esa reacción se percibe ese poder ilimitado que este sector le atribuye a Trump en sus vidas.
En su Teología política, Carl Schmitt sostuvo, con tono polémico, que los conceptos del Estado moderno tienen origen teológico. El aparato estatal está dividido en tres poderes, a semejanza del Dios trinitario, y la soberanía constituye una réplica de su poder en la tierra. Esta teoría también podría utilizarse, con el riesgo de vulgarizarla, para decir lo siguiente: la izquierda contemporánea, que se piensa a sí misma secularizada, sigue interpretando la contingencia con categorías teológicas.
Los progresistas creen haber logrado desprenderse de todo rasgo de las tradiciones católica y protestante. Con aires de superioridad, reivindican diversas formas de misticismo, prácticas respiratorias y técnicas de meditación orientales como si fuesen señales de una sensibilidad ilustrada. Al mismo tiempo, suelen esgrimir críticas contra la religión tradicional que van desde objeciones básicas y triviales hasta argumentos más elaborados (los más esnob los sacan de Nietzsche).
Pero buena parte de sus actuaciones está imbuida de las categorías y del influjo cultural en que se formó la mayoría de los progresistas: las sociedades occidentales, casi siempre desarrolladas. Su visión del mundo es herética,........
