La alegría de la nostalgia
MADRID 3 Abr. (OTR/PRESS) -
Todo empezó, hace muchos, en Bilbao. El domingo de Ramos, mis padres ya tenían preparadas las palmas para mis cuatro hermanos y para mi. Puntuales y repeinados nos llevaban a ver la procesión del Borriquito a la calle Henao. Allí estábamos en primera fila y si la memoria no me lleva a equívocos, luego nos llevaban al parque de Doña Casilda. Allí nos compraban barquillos que enganchábamos a nuestros dedos y patatas fritas en el puesto de Boni. El rito se repitió con mis hijos.
Así fue durante unos cuantos años. Pensaba entonces que no había más Semana Santa que la de Bilbao. Austera, sin bandas de música y sin pasos deslumbrantes. Me gustaba.
Pasaron los años y la vida te lleva a otros,lugares. En este caso a Sevilla........
