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Cuba-Estados Unidos: los puntos sobre las íes

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17.01.2026

Para nadie es un secreto que nuestro país vive uno de los momentos más complejos de su historia, asediado por una administración estadounidense liderada por un presidente de ideas fascistas y proyección megalómana, cuyo secretario de Estado, el cubanoamericano Marco Rubio, tiene una obsesión fatal —o casi fatal— hacia la tierra de origen de sus padres.

Es cierto que esta vez en el ámbito caribeño Cuba no parece ser el objetivo principal de la superpotencia vecina, puesto que no posee grandes recursos de todo tipo, como es el caso de Venezuela, país que nos supera casi nueve veces en área geográfica y tres veces en el número de habitantes, pero, si bien el archipiélago cubano no sobresale por sus riquezas, nadie le puede arrebatar el mérito de ser la cuna de la primera Revolución socialista en América y el hecho real de que, desde siempre, se le ha considerado por su posición estratégica la llave del Golfo de México. 

La compleja historia de nuestra nación desde el encontronazo de 1492 con el “descubridor” español hasta el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, estuvo marcada, desde 1823 al menos, por la voluntad dominadora y el apetito creciente de un país gigantesco hecho a trozos como Frankestein, el personaje casi mítico de la novela de la escritora inglesa Mary Shelley.

Ocurre que la llamada Doctrina Monroe, enunciada ese año por el senador yanqui de igual apellido, signó desde entonces las relaciones del coloso norteño con su vecina insular, a la que han tratado de anexar en varias ocasiones por cualquier vía. 

La historia de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos hasta nuestros días se asemeja perfectamente a la fábula del tiburón y la sardina, donde el enorme escualo nos mira como un suculento alimento natural que pudiese deglutir en cualquier momento y que, sin embargo, pasados más de dos siglos de vigencia de la tristemente célebre doctrina, los ha dejado cada vez con un palmo de narices y la frustración como premio a sus esfuerzos baldíos. 

No es obvio subrayar aquí que si el Gigante de las siete leguas, como lo llamó José........

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