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El nuevo año, los deseos de Cuba y las ambiciones del emperador

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24.01.2026

Agobiados por un 2025 extremadamente duro, con una reducción drástica del poder adquisitivo debido a los precios altos en demasía, escasez o carencia de la mayoría de los insumos necesarios para vivir —particularmente de alimentos y medicinas— y con falta de servicio eléctrico la mayor parte de cada uno de nuestros días, los cubanos ciframos nuestras esperanzas de un “respiro” en el 2026.

El año que se iba descolló también por una epidemia inesperada: el virus de chikungunya afectó a una parte importante de los habitantes del país y, junto a otros que también circulan y afectan a la ciudadanía, contribuyó a que la calidad de vida se resintiera sensiblemente.

Acostumbrados a que las cosas no nos resulten fáciles, no aspirábamos a un año nuevo mucho mejor, aunque sí a que fuera, cuando menos, no peor que el período precedente. La esperanza, sin embargo, duró apenas dos días. Al tercero, la noticia al despertar sonaba a bola callejera, pero era dolorosamente cierta.

Fuerzas de los Estados Unidos, armadas a más no poder por orden del presidente de ese país, sin previa consulta ante el Congreso que debía aprobar la decisión y empleando la más sofisticada tecnología, invadieron Venezuela, secuestraron al presidente constitucionalmente electo y a su esposa, y dejaron como saldo más de 100 víctimas mortales, muchos heridos y una significativa destrucción en varios estados.

Cualquier incauto podría pensar que, al suceder lejos de Cuba, el hecho, constitutivo de una gravísima violación de las más elementales........

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