Profe, haces faltas de ortografía
Hay una imagen que se ha repetido demasiadas veces últimamente: pancartas en manifestaciones educativas llenas de faltas de ortografía. Y no hablamos de un acento olvidado o de un error puntual, sino de frases enteras mal escritas, pronominalizaciones inexistentes y barbarismos muy evidentes.
Y aquí es donde la cosa deja de hacer gracia. Porque un error lo puede cometer todo el mundo, está claro, pero cuando quien tiene que enseñar a escribir escribe mal, el problema deja de ser anecdótico y se vuelve estructural. Es una grieta que dice mucho más del sistema educativo que cualquier informe oficial, y que, además, a menudo se relativiza con una facilidad preocupante. “Ya se entiende”, “no seas repelente”... Como si fuera una cuestión secundaria. O mi excusa preferida: “es que yo no soy profe de lengua”, como si escribir bien fuera tan solo un requisito prescindible y no la base indispensable para cualquier enseñanza de cualquier........
