La furia de los maestros y contra los maestros
El malestar de los maestros es global. Hace casi dos décadas que soy profesor de bachillerato en el norte de Europa, y aunque algunas condiciones materiales son mejores que en Catalunya, hay una insatisfacción compartida. La profesión tuvo durante muchas décadas un objetivo claro y fundamental: impartir conocimiento de manera estructurada para crear ciudadanos autónomos. Ahora, en cambio, nos dicen que los docentes debemos ser psicólogos, enfermeros y monitores de ocio, que debemos transmitir los valores de moda y motivar a los alumnos y, sobre todo, que somos los responsables de afrontar una complejidad social que debería tratarse fuera del aula. Los políticos toman la escuela como el lugar que debe resolver, sin gastar un euro más, los problemas que ellos han decidido ignorar, y encima solo escuchan a unos gurús que trabajan al margen de la evidencia científica y la realidad en clase. La lista de agravios es interminable: el efecto nefasto de las pantallas en el cerebro de los adolescentes, la crisis de relaciones sociales, la obsesión de los gobernantes por maquillar las estadísticas, la explosión de trastornos psíquicos, el cambio del papel de las familias.
Las protestas de........
