Catalunya no puede dejarse arrastrar por la deriva de Sánchez
Catalunya, como tierra de paso que es, ha sido siempre una sociedad de mente abierta, capaz de entender maneras de ser y de hacer diferentes. La catalana, al contrario de la etiqueta que a lo largo de la historia algunos malintencionadamente le han querido colgar, no es una sociedad cerrada, es una sociedad liberal; no en el sentido economicista del término, sino como sinónimo de una actitud de tolerancia, de comprensión hacia el desacuerdo, de respeto por la diferencia. Por eso cuando algunos hacen según qué afirmaciones en nombre de Catalunya conviene, de entrada, ponerlas en cuarentena, porque acostumbra a pasar que no responden al sentir mayoritario de los catalanes, sino solo a los intereses de una parte del país —y a veces ni siquiera del país—, que, de hecho, resulta que es minoritaria.
Últimamente, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, está empeñado en presentar a Catalunya de una manera que a él y a su partido, el PSOE —el PSC en el caso de la marca catalana—, les va bien para transmitir una determinada imagen de España en clave tanto interna como externa. Es la idea de una Catalunya, según ellos, "normalizada", "pacificada", han llegado a decir, en la que el clamor independentista ha desaparecido de la noche al día, plenamente integrada en la nueva ortodoxia españolista en virtud de la cual la corrección política es ser de izquierdas, progresista, propalestino y proiraní, antijudío —no se atreven a decir antisemita porque incluso ellos saben que de cara a la galería queda mal—, contrario a Trump y a Putin, defensor de Ucrania, partidario de recibir cualquier tipo de inmigración con los brazos abiertos, y activista, o al menos simpatizante de alguna flotilla siempre que sirva para poner el dedo en el ojo a Israel. Y todo el que no es todo esto es de extrema derecha.
Los socialistas han sido siempre muy hábiles a la hora de distorsionar la realidad en función de su conveniencia. Esta vez, sin embargo, han tenido, además, la ayuda inestimable de JxCat y ERC, que por puro afán partidista —la necesidad personal de los máximos dirigentes........
