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El vicario

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Antes de llegar a Madrit, la ciudad donde encontrará más hermanos sudakas y panchitos iletrados del mundo dispuestos a adorarlo, el vicario Robert Prevost pasó meses escribiendo una encíclica para advertir a la gente sobre los peligros de la inteligencia artificial. La Santa Madre siempre ha mantenido una enfermiza inclinación tecnofóbica, no, como dice la temerosa monserga del pontífice, porque este nuevo Big Brother nos pueda hacer perder humanidad, sino justamente porque las invenciones de nuestros ingenieros y gente de negocios más despierta empequeñecen cada día más la omnipotencia divina. Esta es la obsesión de la enfermedad religiosa: poner paréntesis a los avances urdidos por los hombres y tratarlos como un posible apocalipsis de la vida feliz, puesto que la creencia siempre necesitará el miedo supersticioso para sobrevivir. Si tú das un paso adelante, la religión siempre te pide que vuelvas atrás.

El señor Prevost representa la secta más importante en cuanto a los fundamentos de la cultura de Occidente; es la mía y menos mal. Por este motivo, agradezco a la providencia que Padre y Madre me llevaran a Can Col·lapi, pues solo podemos escarnecer de verdad aquello que conocemos; también porque cualquier humanista debería conocer la Biblia, el libro de ficción más totémico........

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