El Papa, los tiranos y los niños
De la visita del Papa a Madrit (a Barcelona solo ha venido a cortar la cinta de un concesionario nuevo para regalarnos los tímpanos con cuatro frases en catalán) hay que extraer dos cosas. Primero, el hecho de escoger el propio lugar y este momento histórico particular; a saber, la ratificación del kilómetro cero español como la nueva capital mundial de la inmigración hispanoamericana —regularizada hace muy poco por obra y gracia del socialismo—, el cual querría convertirse, a su vez, en el núcleo de un nuevo renacimiento del imperio colonial. La incorporación de nuevos ciudadanos a la cotización de la seguridad social, a la mano de obra barata poco cualificada y a las listas de espera sanitarias es algo que pone cachonda a la izquierda. Por otro lado, que Madrid vuelva a ser el puerto desde donde Cristóbal Colón zarpó mar adentro para urdir el primer intento de globalización de la cultura de Occidente es un regalo masturbatorio para conservadores.
Pero la convergencia de ideologías en el hiperliderazgo del Papa no termina aquí, ya que, y la cosa tiene vaticana malicia, Robert Prevost aprovechó su speech en el máximo órgano legislativo español para recordar a diputados y senadores que "la dignidad precede a toda........
