La unión (por sí sola) no hace la fuerza
No nos engañemos: las alianzas entre izquierdas para concurrir a elecciones se sellan siempre en momentos de declive. De urgencia. En pleno bajón. Si la izquierda estuviera en auge, se dejarían las coaliciones para después, si fuera necesario, sumando lo ya sumado y con atención a los programas y al famoso peso político de cada formación para entrar en los gobiernos. No estamos en ese escenario. La unión de izquierdas que ahora se necesita se debe analizar siempre desde esa situación de urgencia y desde el reconocimiento de los fracasos y debilidades de cada una de las partes para evitar, precisamente, que la alianza sea solo la suma de fracasos y debilidades.
No es fácil. En tiempo de descuento y en medio de una Semana Santa andaluza particularmente radiante, IU, Sumar y Podemos alcanzaron un acuerdo para concurrir juntos a las elecciones andaluzas del 17 de mayo. En ese momento, Juanma Moreno Bonilla se hallaba en pleno maratón cofrade, acaparando más protagonismo que el mismísimo Jesucristo y esquivando, por la vía procesionaria, la prohibición de hacer campaña antes de la campaña. Lo suyo sí que ha sido el milagro de la multiplicación de los panes y los peces pero en horas de presencia en Canal Sur dándose baños de masas y golpes de pecho. Su campaña ya está hecha: moderación, estabilidad, gestión y andalucismo morenista. El escándalo por la gestión de los cribados del cáncer de mama y la situación general de la sanidad, amortizados y olvidados entre vapores de incienso y cirios. A su derecha, por decir algo, Vox no ha visto ni la necesidad de hablar de Andalucía o de esmerarse en la elección de candidato: Abascal proveerá, pese a las críticas de los suyos, que ya no lo son, y los votos que el sevillano Alvise Pérez rascará en su tierra. Todo en su sitio en el flanco derecho e intento de recolocación en el izquierdo a la izquierda de María Jesús Montero, que esta semana parecía tentada de entonar un “virgencita, que me quede como estoy” ante la Macarena.
