El matón de Vox tiene un plan (y funciona)
La política populista, desde Orbán hasta Trump, se ha construido a partir de una combinación de nativismo, intolerancia, grandiosidad y un discurso grosero y matón que persigue, entre otros objetivos, intimidar al adversario y captar el voto emocional. El diputado de Vox José María Sánchez –juez en excedencia, catedrático universitario y letrado del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, ahí es nada– nos ha regalado esta semana un ejemplo práctico, cuando se encaramó al estrado del Congreso donde está la Mesa y, después de increpar a una de las letradas de la Cámara, se encaró con el vicepresidente Gómez de Celis, que, ya pasado el trance violento, confesó que llegó a pensar que el ilustre voxero le iba a atizar. No es la primera vez que José María Sánchez la lía en el Congreso: en septiembre de 2021, durante un debate sobre el aborto, llamó “bruja” a la diputada socialista Laura Berja y también fue expulsado del hemiciclo.
El deterioro de la cortesía parlamentaria es un hecho ya consumado con implicaciones éticas y estéticas y refleja algo más que la pérdida de cordialidad y juego limpio entre adversarios. Hay una estrategia detrás. Por decirlo de alguna manera: el matón grosero de Vox tiene un plan. Se quiere mostrar como audaz y desafiante ante sus seguidores y votantes, muchos de los cuales escogen la papeleta de Vox no porque estén de acuerdo con su programa electoral, del que solo conocen tres lemas, sino por puro y simple cabreo, que tiene tanto causas reales como inducidas e imaginadas. El voto del cabreo necesita aspavientos, confrontación, insultos e intimidación para mantenerse vivo y en forma hasta que lo reciban las urnas. El diputado de Vox muestra a sus votantes que hace y dice lo que le da gana, se convierte en representante y catalizador de emociones y actitudes falsamente libres y alimenta el voto antisistema que necesita para crecer. La intimidación es también una exhibición de fuerza y poder y como explica Pierre Rosanvallon en su libro El siglo del populismo, estas actitudes impactan no solo por su vulgaridad (apreciada por sus seguidores), sino que incitan de manera sistemática e inédita a la polarización política.
