La primera víctima de toda guerra, y la primera en ser olvidada
Venga, repite conmigo: “la primera víctima de la guerra es la verdad”. Otra vez, que lo has dicho con desgana: “la primera víctima de la guerra es la verdad”. ¡No te oigo, más fuerte! “¡La primera víctima de la guerra es la verdad!” Escríbela cien veces en la pizarra. Ponte un post-it en la frente, para leerla cada vez que te mires en un espejo. Un recordatorio en el móvil que salte a cada hora en punto.
Que la primera víctima de la guerra es la verdad, es lo primero que olvidamos en cuanto empiezan a caer bombas. Todos hemos dicho alguna vez la famosa frase, pero casi siempre la pronunciamos a toro pasado: cuando la guerra ya acabó, cuando de pronto descubrimos las mentiras sobre las que se construyó el relato que justificó o enmascaró la matanza, cuando nos sentimos engañados, manipulados, y entonces exclamamos, ya demasiado tarde: “¡la primera víctima de la guerra es la verdad!”
