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La champeta ya es patrimonio

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thursday

Durante siglos, las y los ancestros de gran parte de nuestros connacionales fueron despojadas de su dignidad en el contexto de lo que la ONU declaró como el peor crimen de lesa humanidad en 2007, a través de la Declaración de Durban, reafirmada hace poco más de un mes. Cuatrocientos años de persecución, captura, esclavización y desarraigo de seres humanos se lee rápido. Cuatrocientos años de un sistema necroeconómico que enriqueció a muy pocos y obligó a trabajar sin descanso a millones de niños, niñas, jóvenes, adultos, viejos y viejas suena inverosímil. Cuatrocientos años de adaptación a un territorio desconocido, al lenguaje y a las lógicas del opresor, a los usos y costumbres ajenos se dice en un enunciado; se escribe y se lee en veinte segundos. Esos cuatrocientos años de trágicas dinámicas crearon un sistema social que se basó en la desigualdad, la estigmatización, y en la cosificación de las vidas de personas que fueron traídas por la fuerza desde África, y las de sus descendientes. Esa cosificación también alcanzó a quienes llevaban milenios en Abya Yala (lo que hoy conocemos como América), me refiero a los pueblos originarios de este continente.

El poder de los ritmos ancestrales, de la memoria inscrita en los cuerpos; las formas de sentipensar tan imbricadas con la naturaleza; la alquimia en el corazón de quienes llegaron y de quienes ya estaban aquí logró convertir los tantísimos dolores en cantos,........

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