Una nueva guerra en Medio Oriente: quince apuntes preliminares
La guerra entre Israel y Estados Unidos contra Irán se transformó con rapidez en un conflicto de múltiples frentes que ya incluso rebasa al Medio Oriente. Estamos de lleno ante uno de los escenarios que aquí mismo analizamos hace pocas semanas, cuando advertíamos no solo sobre los riesgos, sino sobre cómo, en determinadas coyunturas, los planes y proyecciones pueden salirse de control según la forma en que los distintos actores reaccionan. El punto central es que las definiciones de victoria o derrota varían dependiendo del actor del que estemos hablando y, por lo tanto, la decisión de detener las hostilidades no se juega en un solo plano, sino en varios al mismo tiempo. Aun así, el mando efectivo de lo que estamos viendo, y, por ende, la decisión sobre cuándo parar, parece seguir concentrado en una sola persona: Donald Trump. Esto ocurre en un momento en el que ese presidente percibe que no existen contrapesos internos ni externos suficientemente fuertes como para impedirle implementar su visión del mundo y del papel que, a su juicio, debe desempeñar el país que dirige. Así, incluso si hay actores tanto dentro de EU como fuera de ese país —Israel incluido— cuyos intereses hoy se encuentran alineados con cada paso que Trump está dando, al final del camino es él quien tiene la última palabra respecto a los alcances y la duración de las operaciones, en función de cómo entienda una victoria que pueda presentar como tal. Por ello, y quizá como nunca antes, el análisis tiene que realizarse en múltiples capas, comenzando por el propio Trump. A continuación, algunos apuntes al respecto.
1. Personalidad de Trump. En las últimas semanas, Trump se vio enfrentado a un dilema en el que él mismo terminó por entrampase. Por un lado, y como resultado del empoderamiento que le generó la operación en Venezuela, cuando estallaron las manifestaciones masivas en Irán —las más importantes desde el establecimiento de la República Islámica— Trump amenazó directamente al régimen iraní con atacarlo y hacerle pagar un costo inmenso si el gobierno asesinaba a manifestantes, como lo había hecho en años previos. Declaró que Estados Unidos tenía las armas cargadas y apuntando, y que Washington acudiría al rescate de la sociedad iraní.
Posteriormente, cuando se hizo evidente que efectivamente miles de manifestantes habían muerto, Trump afirmó que la ayuda ya estaba en camino. Esto lo obligó, de manera automática, a cumplir con su palabra empeñada. Para Trump, este no es un asunto menor. Sus tácticas de fuerza y de presión máxima dependen de la credibilidad que logra proyectar. Así como esa credibilidad se había visto fortalecida tras la operación y captura de Maduro, ahora quedaba seriamente en entredicho si incumplía con sus amenazas.
2. Pero, por otro lado, la definición misma de su America First implicaba que no se involucraría en guerras lejanas, ajenas y costosas con fines de cambio de régimen. Este es precisamente el tipo de guerras que él y su base han criticado durante décadas. Ser congruente con esa base y fiel a las ideas que ha sostenido desde su primera campaña en 2016, pasando por sus discursos de 2024 y 2025, habría implicado que Estados Unidos no iniciara nuevas........
