Padre DIEGO JARAMILLO
Padre DIEGO JARAMILLO
Un hombre que hizo de su vida un “sí” permanente a Dios
Hay personas cuya presencia deja una huella tan serena y profunda que uno no logra explicarla únicamente desde el talento, la inteligencia o el liderazgo. Hay seres humanos que transmiten algo distinto: paz, sentido, esperanza, hogar. Personas en quienes la fe deja de ser discurso para convertirse en vida concreta.
El Padre José Diego Jaramillo Cuartas, CJM, es una de esas personas.
Y quizá por eso, cuando pienso en él, no pienso primero en los reconocimientos, ni en los cargos, ni siquiera en la inmensa obra que ha ayudado a construir. Pienso más bien en un sacerdote que sabe escuchar. En un hombre de sonrisa cálida. En alguien que, después de más de nueve décadas de vida, sigue haciendo sentir a los demás importantes delante de Dios.
Mi primer encuentro con él ocurrió en 1985, en la parroquia La Caridad del Cobre, en Barranquilla. Yo era apenas un joven de 17 años que comenzaba a acercarse a la Renovación Católica Carismática. Como tantos muchachos de esa época, buscaba respuestas, sentido, dirección. Y allí apareció aquel sacerdote antioqueño de voz tranquila y mirada bondadosa que hablaba de Dios con una cercanía que desarmaba.
No ha sido un hombre estridente. Nunca lo fue. No necesitaba imponerse. Su autoridad nacía de otro lugar: de la coherencia.
La vida me permitió caminar a su lado durante muchos años y en distintos momentos: primero como seminarista eudista y luego como laico vinculado a la obra Minuto de Dios desde diversos escenarios —escuelas de evangelización, colegio, universidad, emisora y como asociado eudista—. Cuarenta y un años después de aquel primer encuentro, el viernes 15 de mayo de 2026, tuve la gracia de volver a encontrarme con él. Fui acompañado por el querido Padre Fidel Oñoro, quien, con enorme generosidad, me condujo hasta la oficina del Padre Diego, ubicada justo al lado de la tumba del Padre Rafael García Herreros, en el corazón mismo de la obra Minuto de Dios.
Aquel lugar tiene algo profundamente simbólico: allí descansan la memoria, la misión y la continuidad de una obra que ha marcado la historia espiritual y social de Colombia.
Ese día pude contarle que había retornado a Bogotá y que nuevamente estaba vinculado a la obra Minuto de Dios desde la universidad. Hablamos también de su próximo cumpleaños, y le comenté que cumple el mismo día que mi suegra (él es nueve años mayor). Conversamos sobre mi esposa y sobre mis hijos, a quienes él conoció siendo muy pequeños durante uno de sus viajes a Cartagena. Nos reímos, conversamos y el........
