El raso Adán, la opaca Layda, la censora Clara y… ¡Tequila!
A veces algunas lectoras y no pocos lectores me exigen que sea más directo en las columnas, que no me ande con vericuetos y circunloquios, “como algunos intelectuales y comentócratas que se la pasan adornándose y tardan horas en llegar al meollo, o nomás no concluyen nada”. Luminarias del pensamiento patrio que se deleitan ante la imagen de ellos mismos tecleando frente a la pantalla de una computadora y se contemplan en sus escritos impresos sin cansarse nunca de vanagloriarse de la inigualable destreza que poseen para redactar, e incluso para escribir, que no es lo mismo.
Lo ilustro…
- ¡Escribí una nota poca madre de primera plana! -presumió hace muchos pretéritos (1985-1986) un veterano reportero parado en la mitad de la pletórica Redacción del antiguo unomásuno, aquel diario dirigido por Manuel Becerra Acosta (mi padre) que fue un parteaguas en el periodismo nacional.
- ¿Que qué? -le grité con insolencia juvenil y retador gesto de poker face desde el fondo de la Redacción, donde yo me sentaba a teclear una estruendosa Olivetti.
- ¡Que escribí una nota chingona de primera plana, cabrón!
Tragado el anzuelo.
-Escribía Pessoa; tú medio redactas, güey… -le sorrajé y estallaron las carcajadas del respetable. La furia le duró como seis meses, tiempo en el que no me dirigió la palabra, porque una y otra vez el resto de las reporteras llevadas y los reporteros pesados lo torturaban con semejante distinción entre escribir y redactar que ciertamente aplicaba para sus maquinazos.
Alguna ocasión un iracundo lector (en serio estaba colérico) me escribió desde Noruega para reclamarme una columna a la que calificó como “parto de los montes”, es decir, aludía a la fábula atribuida a Esopo, la cual narra........
