La ciudad que perdimos
En 1777 el bachiller Juan de Viera escribió una Breve y Compendiosa Narración de la Ciudad de México. En esos días, a lo largo de lo que hoy es la Calzada de la Viga corría un canal que unía los lagos de Xochimilco y Texcoco. Según Viera, aquel canal era una de “las delicias con que la mano soberana de Dios quiso adornar esta ciudad”, para convertirla en una “segunda Venecia”.
El bachiller describió el crecido número de canoas y chalupas cargadas “de flores, verduras y miniestras” que lo cruzaban. Habló de la gente que en días festivos salía en masa de México para pasear en embarcaciones adornadas “con las flores del tiempo”, “llevando mussicas e instrumentos con que van cantando y bailando”.
“Pintar la hermosura de esta laguna, tan llena de árboles verdes en todos tiempos, la multitud de canoas de esta calidad, la alegría de las gentes; las ricas galas, los bellos adornos de las señoras y los caballeros que las acompañan; la multitud de páxaros, no cabe en la misma elocuencia”, escribió.
En 1803, en las cercanías del pintoresco pueblo de Santa Anita, Humboldt se maravilló con las floridas chinampas –“jardines flotantes”, los llamó—, algunas de las cuales el viento llevaba de un lado a otro y llegaban a contener “hasta la choza del indio que sirve de guarda”. El barón describió con admiración cómo los habitantes de la zona, con ayuda de largas perchas, podían trasladarlas a su gusto de una orilla a otra.
La mirada ávida y ligera de Guillermo Prieto registró en 1842 la atmósfera festiva que bullía en aquel canal: los jarros de........
