El año del odio y la división
“La inmoralidad del cinematógrafo” era la maldición de 1926.
Ese año, hace un siglo, el cine lo había cambiado todo. El furor que desataban en los espectadores las películas mudas había dejado ecos que consideraban “perniciosos” para la sociedad mexicana.
Los diarios bautizaron aquel fenómeno como “el cinematismo”. Las mujeres se vestían, caminaban, parpadeaban y besaban como las grandes divas de Hollywood. Usaban vestidos escotados, de manga corta, que dejaban las pantorrillas al aire.
Para acabarla se maquillaban, se pintaban los labios en forma de corazón y se habían adherido a la moda de andar con el pelo corto hasta la nuca, “al estilo Bob”.
El maquillaje se convirtió por vez primera en un artículo de uso corriente y dejó de ser asociado con los burdeles y la prostitución. En una entrevista para EL UNIVERSAL, la tiple y actriz Celia Montalván confesó que gastaba diez pesos diarios en polvos, rímel, lápices, rouge y lociones.
En medio del escándalo, los curas intentaban negarle a “las pelonas” el acceso a los templos. Para colmo, el cinematógrafo había desatado en la ciudad una epidemia de besos. Las parejas elegían los cines más oscuros —el Venecia, el Olimpia, El Salón Rojo— para acurrucarse en la complicidad de las sombras e iniciar sonoros........





















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