Sin fórmula de juicio
Cuando queremos tener una idea de alguien, lo primero que hacemos es preguntar. Parece un acto inocente, casi natural, pero pocas veces nos detenemos a pensar en que importa, y mucho, a quién le estamos preguntando, qué relación tiene esa persona con el otro, qué experiencia concreta respalda su opinión y, sobre todo, qué motivos la mueven a entregar esa información. Porque cada quien habla de la fiesta según cómo le fue en ella y no siempre quien responde lo hace desde la honestidad o la justicia, sino desde el rencor, la envidia o simplemente desde un mal momento que quedó grabado como verdad absoluta.
Ahí radica el verdadero problema de juzgar a la ligera, pues en un acto de soberbia reducimos la vasta........
