¿Y si sí?
Pasé una parte de mi infancia en Londres, y en 1994 viví el viejo estadio del West Ham: el Boleyn Ground. Un estadio mítico que alguna vez Joseph Blatter nombró el segundo mejor estadio del mundo para sentir la intensidad del futbol. Para los estándares modernos, el Boleyn sería una porquería, una plasta de cemento, vertical y vertiginosa. Dicho de otra forma: un estadio auténtico del viejo futbol inglés. Afuera, la gente hacía filas para comer el platillo más asqueroso que he probado en mi vida; anguila gelatinada, un residuo de la época industrial en la que el este de Londres, marginado, empobrecido y contaminado, vivía de la comida que daban los riachuelos de la zona y que nadie con tantito dinero aceptaría comer.
Los partidos en Inglaterra son distintos, más allá del frío, lluvia y lodo que caracterizaban la época, el aficionado inglés vive el futbol desde una óptica callejera. Las películas de Hollywood nos han querido mostrar a Inglaterra como un sitio de alta refinación, caballeros sofisticados y elegancia perpetua. El futbol no es así. El futbol viene de las calles, de los barrios populares y la llamada “working class inglesa”. Son los valores de esta clase trabajadora las que impregnan al futbol de ese país.........
